La Cátedra Women and Science de la Universidad París-Dauphine – PSL ha lanzado su séptima convocatoria de proyectos de investigación para 2025, dirigida a toda la comunidad académica sin restricciones en disciplinas o metodologías. Se seleccionarán entre 5 y 7 proyectos, cada uno recibiendo hasta 10 000 € de financiación. El plazo para postular es el 26 de septiembre de 2025, medianoche, hora de París. Esta cátedra, en red con UNESCO y apoyada por organizaciones como la Fundación L’Oréal y Generali, busca abordar la baja presencia femenina en áreas científicas. Desde 2019 ha evaluado 325 propuestas y financiado 35 proyectos alrededor del mundo. Temas prioritarios del año 2025 La convocatoria da prioridad a investigaciones sobre: Se valorará especialmente la transdisciplinariedad, los enfoques internacionales y comparativos, así como equipos diversos. ¿Por qué resaltar a las mujeres árabes en la ciencia? Cómo la convocatoria de Women and Science 2025 puede ser una oportunidad estratégica Investigadoras de los Emiratos Árabes reconocidas por el Programa L’Oréal-UNESCO “For Women in Science” Middle East Young Talents: Hessa Ebrahim Ali Alfalahi, la Dra. Raefa Abou Khouzam y Ayesha Abdulla Alkhoori ©L’Oréal-UNESCO Women and Science 2025: Un llamado para la acción Si eres académica árabe o colaboras con mujeres de esta región — en áreas como sociología, economía, psicología, ciencias digitales, gestión o matemáticas — esta convocatoria puede ser una plataforma poderosa para visibilizar investigaciones valiosas. Qué puedes hacer: El apoyo a las mujeres árabes en la ciencia no es solo una cuestión de justicia, sino una estrategia clave para enriquecer el conocimiento, fomentar el progreso científico y generar un cambio cultural duradero. Convocatorias como “Women and Science 2025” son ventanas de oportunidad esenciales: no solo ofrecen recursos financieros, sino también visibilidad, redes y legitimidad académica. Comparte este blog con colegas, profesionales y redes académicas interesadas. Si deseas, puedo ayudarte a estructurar una propuesta, refinar la idea o delinear un plan de equipo para maximizar tus posibilidades en esta convocatoria. Imagen de portada tomada de la página de la UNESCO
Mujeres en la poesía árabe: Voces clásicas y modernas
Eventos entre Oriente y Occidente
Felukah: voz que navega entre dos mundos
En una escena musical donde las etiquetas a menudo encorsetan, Felukah emerge como un río que no se deja contener. Su música es un flujo constante de versos en árabe e inglés, poesía urbana y raíces culturales profundas, que navega con la misma libertad que las felucas —las tradicionales embarcaciones del Nilo— que inspiraron su nombre artístico. Nacida en El Cairo, Felukah creció entre el bullicio de la capital egipcia y la intimidad de sus propias reflexiones. Desde pequeña, encontró en la palabra escrita un refugio: escribía poemas, cuentos cortos y pensamientos que más tarde se convertirían en las semillas de su carrera musical. Su conexión con la poesía árabe clásica es evidente, pero también lo es su fascinación por las rimas crudas y rítmicas del hip hop contemporáneo. Del Cairo a Nueva York: Un viaje transformado En busca de nuevas experiencias, Felukah se trasladó a Nueva York para estudiar escritura creativa. Este cambio geográfico y cultural fue decisivo: pasó de una ciudad milenaria a una metrópoli multicultural, donde la diversidad lingüística y artística la impulsó a fusionar aún más sus influencias. En Nueva York, Felukah encontró un espacio donde sus versos podían respirar libremente, mezclando dialectos y referencias culturales. Allí descubrió que su identidad híbrida —mujer árabe, artista independiente, voz feminista— era su mayor fortaleza. Felukah: Una discografía que cuenta historias Felukah debutó en 2018 con Yansoon, un álbum que mezcla sonidos de soul, rap y R&B con letras introspectivas. El título, que hace referencia a una hierba medicinal usada tradicionalmente para aliviar malestares, refleja la intención sanadora de su música. En Citadel (2019), Felukah construyó una fortaleza sonora donde exploró temas como la autoafirmación, la independencia y la nostalgia por su hogar. El álbum The Love Serum (2022) mostró una faceta más íntima y experimental, con melodías suaves y letras que invitan a la introspección. Su más reciente proyecto, Qabl Al Shams (2024), es un homenaje a la cultura árabe contemporánea, con un sonido más maduro y colaboraciones que cruzan fronteras geográficas y musicales. Felukah es un puente entre culturas Felukah no solo canta, sino que traduce experiencias. Para el público árabe, su música es una reivindicación de la modernidad sin renunciar a las raíces. Para el público internacional, es una ventana hacia una juventud árabe que no se ajusta a estereotipos simplistas. Canta sobre la vida en El Cairo, pero también sobre la soledad en Nueva York. Habla de la lucha por la independencia personal, pero no olvida la importancia de la comunidad. En cada verso hay un eco de Naguib Mahfouz y de Lauryn Hill, de Umm Kulthum y de Erykah Badu. Feminismo árabe en clave musical de Felukah En un panorama donde la mujer sigue enfrentando desafíos para ocupar espacios públicos, Felukah utiliza su plataforma para cuestionar narrativas obsoletas. Sus letras hablan de autonomía, autoestima y resistencia. No se trata solo de empoderamiento como concepto abstracto, sino de ejemplos concretos: elegir tu camino, decir “no” cuando es necesario, y expresar la verdad aunque incomode. Felukah ha declarado en entrevistas que la música es su forma de protesta. No grita eslóganes, pero sus versos, cargados de imágenes potentes, funcionan como manifiestos personales y colectivos. En canciones como Purple Lemonade o Battery Acid, la voz femenina no es un adorno: es el motor de la historia. Estilo y estética: Mensaje visual Más allá de la música, Felukah ha creado una estética visual coherente con su mensaje. Sus videoclips combinan la calidez de la luz árabe con la frescura urbana de Nueva York. Su estilo personal mezcla ropa deportiva, piezas vintage y elementos tradicionales reinterpretados, enviando un mensaje claro: la moda es también un espacio de resistencia cultural. En sesiones fotográficas, no teme mostrar su cabello natural, vestir túnicas con zapatillas o combinar joyería árabe con looks minimalistas. Cada elección estética refuerza su identidad como artista que no se somete a moldes prefabricados. La recepción en el mundo árabe En ciudades como El Cairo, Beirut y Dubái, Felukah es vista como un símbolo de una generación que busca romper barreras. Su música circula en plataformas de streaming y redes sociales, pero también en conversaciones íntimas entre amigas que encuentran en sus letras una validación de sus propias experiencias. Para muchas jóvenes árabes, Felukah representa la posibilidad de tener una voz en un espacio creativo y global, sin tener que diluir la propia identidad para ser escuchada. Más allá de la música: escritora y narradora Su formación como escritora creativa se refleja en la estructura de sus canciones, que a menudo funcionan como relatos cortos. Felukah ha publicado textos y poesía en medios digitales, y no descarta un libro en el futuro. En sus narrativas, la mujer árabe no es un personaje pasivo, sino una protagonista con matices, dudas y deseos. El camino de Felukah apenas comienza. Sus próximos proyectos incluyen más colaboraciones con artistas árabes y africanos, además de una posible incursión en el cine como compositora de bandas sonoras. Felukah es una narradora de realidades, una defensora de la mujer árabe contemporánea y un puente cultural. Su música nos invita a mirar hacia dentro, pero también a abrirnos al mundo. En sus versos, encontramos tanto la nostalgia de un atardecer en el Nilo como el pulso frenético de una calle neoyorquina. Y en ese viaje entre dos mundos, Felukah nos recuerda que la identidad no es una jaula, sino un río: siempre en movimiento, siempre encontrando nuevos caminos. Imagen de portada de la publicación ATWOOD MAGAZINE
Jallab: El elixir dulce y refrescante del verano árabe
En los días calurosos de Beirut, Damasco o Ammán, el bullicio de las calles se mezcla con el tintinear del hielo en vasos altos. Entre puestos de jugos y cafés tradicionales, hay una bebida que se roba todas las miradas —y los paladares—: el Jallab. Con su característico tono ámbar oscuro, su aroma floral y su sabor profundo, esta mezcla de jarabe de frutas secas, agua de rosas y frutos secos flotando en la superficie es mucho más que un refresco: es parte de la identidad veraniega de Oriente Medio. Un sorbo de historia El Jallab tiene raíces que se remontan a siglos atrás, cuando las rutas comerciales unían el Mediterráneo con Asia a través del desierto. Los mercaderes transportaban dátiles, pasas y melaza de uva, productos energéticos y fáciles de conservar, que no tardaron en convertirse en ingredientes básicos para endulzar bebidas. Su preparación como refresco se popularizó en el Levante (Líbano, Siria, Palestina y Jordania) y más tarde se extendió a Egipto y países del Golfo. En la época medieval, el Jallab era un lujo reservado para reuniones importantes; hoy, es parte del día a día en veranos largos y calurosos, así como en celebraciones religiosas como el Ramadán, donde se sirve para romper el ayuno. Imagen tomada de Wikipedia El alma del Jallab: su jarabe La base del Jallab es un jarabe concentrado que combina melaza de uva, extracto de dátiles y extracto de pasas. Esta mezcla aporta un dulzor profundo, con matices ahumados y frutales. En ocasiones, se le añade un toque de agua de rosas o agua de azahar para perfumarlo. El jarabe se elabora tradicionalmente en casa, aunque hoy en día se vende ya preparado en botellas. En mercados del Líbano o Siria, es común encontrar puestos que lo venden a granel, donde el comerciante lo mide en litros y lo sirve en envases reutilizables. Cómo se prepara La receta básica del Jallab es sencilla, pero el secreto está en el equilibrio entre el dulzor y la frescura: La experiencia sensorial Probar un Jallab bien preparado es un viaje por capas de sabor y textura: No es una bebida para beber de un solo trago; en la cultura árabe, el Jallab se disfruta lentamente, acompañado de conversación, como parte de un momento social. Variaciones regionales Aunque la receta básica es la misma, cada región y cada familia tiene su toque especial: El Jallab en el Ramadán Durante el mes sagrado del Ramadán, el Jallab se convierte en protagonista de las mesas al atardecer. Su alto contenido energético y su dulzor ayudan a recuperar fuerzas después del ayuno, mientras que su frescura hidrata y alivia el calor. En muchas casas, el iftar —la comida para romper el ayuno— comienza con dátiles, agua y un vaso de Jallab, antes de pasar a platos más contundentes. En las calles, es común ver a jóvenes comprando grandes vasos para llevar, listos para compartir con familia o amigos. Beneficios y valores nutricionales Aunque es dulce, el Jallab ofrece algunos beneficios gracias a sus ingredientes naturales: Eso sí, como cualquier bebida azucarada, conviene disfrutarlo con moderación si se cuida la ingesta de calorías. Cómo disfrutarlo en casa este verano Aunque encontrar jarabe de Jallab auténtico fuera del Medio Oriente puede parecer complicado, muchos supermercados internacionales y tiendas árabes lo venden en botella. Prepararlo en casa es tan fácil como seguir estos pasos: Curiosidades del Jallab Un símbolo del verano árabe Más allá de su sabor, el Jallab es una excusa para reunirse. En las noches cálidas, las cafeterías al aire libre se llenan de familias y amigos, con vasos de Jallab sobre la mesa, mientras suena música y se fuma shisha. Es parte del paisaje cultural del verano árabe, tanto como las playas del Mediterráneo o los bazares nocturnos. Beber Jallab no es solo hidratarse: es participar en una tradición que ha pasado de generación en generación, uniendo a las personas en torno a un sabor que evoca recuerdos y crea nuevos. El Jallab es mucho más que un refresco: es un pedazo de historia, un símbolo de hospitalidad y un placer sensorial que combina lo dulce, lo fresco y lo aromático. En un mundo cada vez más acelerado, tomarse el tiempo para preparar y disfrutar un vaso de Jallab puede ser un pequeño acto de conexión con tradiciones antiguas y con nosotros mismos. Este verano, ya sea en una terraza de Beirut, en un mercado de Ammán o en tu propia casa, dejar que el hielo, el dulzor de la melaza y el perfume de las flores te envuelvan es una manera deliciosa de viajar sin moverte del asiento.
Sara Ishaq: contar la verdad desde la raíz
Pocas directoras logran que cada plano, cada silencio y cada mirada cuenten una historia que atraviese fronteras y se quede a vivir en la memoria del espectador. Sara Ishaq, cineasta y documentalista yemení-escocesa, es una de esas voces. Su trabajo no solo revela la crudeza de la realidad, sino que la envuelve con una sensibilidad capaz de humanizar incluso las circunstancias más extremas. Nacida en 1984 en Edimburgo, de padre yemení y madre escocesa, Sara creció entre dos mundos aparentemente distantes pero unidos por lazos familiares y emocionales. Su infancia transcurrió en parte en Yemen, donde vivió hasta los 17 años, y en parte en Escocia, donde regresó para continuar sus estudios. Este vaivén geográfico no solo moldeó su identidad bicultural, también le otorgó una perspectiva única para comprender las tensiones y conexiones entre Oriente y Occidente. El despertar de una cineasta Sara no comenzó su carrera directamente en el cine. Estudió Literatura Inglesa y Estudios Religiosos en la Universidad de Edimburgo, y luego completó un máster en Producción y Dirección Documental en la Universidad de Granada. Fue allí, en Andalucía, donde descubrió que el documental podía ser una herramienta tan potente como la palabra escrita para narrar historias que importan. Su primer gran reconocimiento llegó con «Karama Has No Walls» (2012). Un cortometraje documental que retrata los hechos del 18 de marzo de 2011 en Yemen, cuando francotiradores abrieron fuego contra manifestantes pacíficos durante la Primavera Árabe. A través de imágenes grabadas por activistas y testimonios desgarradores, Sara construyó una pieza que no busca sensacionalismo, sino justicia. El cortometraje fue nominado al Premio Óscar y al BAFTA, situando su nombre en la escena internacional y convirtiéndola en la primera mujer yemení en alcanzar ese nivel de visibilidad en la Academia de Hollywood. El regreso a casa de Sara Ishaq Si “Karama Has No Walls” es una mirada urgente al presente, su siguiente trabajo, «The Mulberry House» (2013), es un viaje íntimo al pasado. En esta película, Sara documenta su regreso a Yemen tras una década en el extranjero, justo en medio de las tensiones políticas que precedieron al levantamiento de 2011. Lo que comenzó como una visita familiar se transformó en un retrato complejo de la relación con su padre, un intelectual yemení, y con un país que estaba cambiando rápidamente. En The Mulberry House, las conversaciones domésticas se entrelazan con el ruido de las calles y las noticias, creando un espejo donde se reflejan las tensiones entre generaciones, culturas y visiones del mundo. La película fue aclamada en festivales internacionales como IDFA y Hot Docs, no solo por su calidad cinematográfica, sino por la valentía de mostrarse vulnerable ante la cámara. Mujer, árabe y narradora en un mundo desigual En entrevistas, Sara ha hablado de la doble presión que siente como mujer árabe y como documentalista. Por un lado, representar con honestidad a las personas y comunidades que filma. Por otro, desafiar las narrativas simplificadas o estereotipadas que dominan los medios internacionales sobre el mundo árabe. Ella misma ha señalado que ser mujer le ha permitido acceder a espacios y conversaciones que quizá hubieran estado cerrados a directores hombres. También ha enfrentado retos para que su voz sea escuchada en una industria todavía marcada por el predominio masculino. Su trabajo no es propaganda ni activismo puro: es arte con conciencia social. Cada uno de sus proyectos está guiado por una ética de cuidado hacia las personas filmadas, evitando explotarlas visualmente y devolviéndoles agencia en el proceso narrativo. Más allá del cine Sara no se limita a hacer películas; también se ha implicado en proyectos de educación y formación audiovisual en Yemen y otros países árabes. Ha impartido talleres para jóvenes cineastas, especialmente mujeres, con el objetivo de que ellas también puedan contar sus propias historias y romper el ciclo de invisibilidad. Es cofundadora de iniciativas que apoyan la producción de cine independiente en entornos con recursos limitados. También, ha colaborado con ONGs para documentar violaciones de derechos humanos. Su compromiso con la justicia social atraviesa su vida personal y profesional. Imagen tomada de la página web de Sara Ishaq Sara Ishaq: Sara Ishaq: Un lenguaje visual propio Lo que distingue a Sara Ishaq no es solo el tema de sus películas, sino la forma en que las construye. Prefiere los planos largos, los silencios significativos y una cámara que se mueve como si fuera parte de la vida que retrata. Sus películas invitan a mirar despacio, a detenerse en los gestos y en las texturas cotidianas que, juntas, forman la gran narrativa de un país. En Karama Has No Walls, la fuerza de las imágenes reside en la proximidad. La cámara no es una observadora distante, sino una participante que siente el temblor de la multitud. En The Mulberry House, en cambio, la intimidad familiar se vuelve política, recordándonos que las revoluciones empiezan también en las conversaciones de cocina. Inspiración para una nueva generación Para las mujeres árabes que sueñan con contar historias, Sara Ishaq es un ejemplo tangible de que es posible traspasar fronteras, físicas y simbólicas, con una cámara en la mano. Su trayectoria nos recuerda que el cine no pertenece solo a los grandes estudios ni a las grandes economías. Pertenece también a quienes tienen algo urgente que decir y el coraje para buscar cómo decirlo. En tiempos de ruido y velocidad, su obra nos invita a mirar con atención, a escuchar con paciencia y a recordar que, incluso en medio del conflicto, hay espacio para la ternura, la memoria y la belleza. Imagen de portada de la publicación Qantara.de
Maram al-Masri: poesía siria íntima y rebelde
Maram al-Masri no solo es una de las voces más significativas de la poesía árabe contemporánea, sino también un símbolo de sensibilidad, rebeldía y resiliencia. Nacida en Latakia, Siria, en 1962, y afincada desde los años ochenta en Francia, su obra se ha convertido en un puente entre Oriente y Occidente, entre la palabra íntima y la denuncia social, entre la ternura del deseo y la crudeza de la guerra. Su poesía —a la vez sencilla y profunda, delicada y contundente— ha conquistado lectores en todo el mundo, y ha sido traducida a más de diez idiomas. Orígenes, exilio y escritura Maram al-Masri creció en la costa mediterránea de Siria, en un entorno conservador marcado por la tradición, pero también por la belleza del mar y la palabra. Estudió literatura inglesa en Damasco antes de trasladarse a París en 1982, donde se instaló definitivamente. El exilio marcó un antes y un después en su vida personal y poética: lejos de su tierra, la lengua árabe se convirtió no solo en una herramienta expresiva, sino en un refugio, una forma de preservar la identidad y de reconstruirse a través de la escritura. El exilio también la enfrentó al desarraigo y a la nostalgia, pero le ofreció libertad. En Francia, al-Masri encontró un espacio para desarrollar una poesía distinta a la que dominaba los círculos literarios sirios, muchas veces sujetos a rigideces temáticas o estilísticas. Maram optó por un lenguaje directo, cotidiano, a menudo minimalista, con una fuerte carga emocional. Su voz es femenina en el sentido más honesto y valiente: habla del cuerpo, del amor, de la maternidad, del deseo, pero también de la violencia, la dominación, la guerra y la pérdida. Una poesía del yo, sin dejar de ser del mundo Uno de los rasgos más llamativos de la poesía de Maram al-Masri es su mezcla de confesionalismo y universalidad. En sus primeros libros explora la intimidad con una desnudez conmovedora. Habla del amor frustrado, de la separación de su hijo, de la soledad, de los momentos mínimos de la vida cotidiana. Su escritura no pretende ser grandilocuente ni abstracta: la poeta parte de lo personal para tocar lo universal. En ese sentido, puede ser leída como heredera de poetas como Forugh Farrojzad en Irán o Anna Ajmátova en Rusia. A diferencia de otras voces líricas árabes, su lenguaje no se complica con metáforas barrocas ni ornamentos clásicos. Usa frases breves, versos cortos, silencios calculados. Pero esa aparente simplicidad esconde una intensidad emocional poderosa. Cada poema es como una herida abierta o una caricia suspendida: directo, evocador, y profundamente humano. De lo íntimo a lo político Aunque muchas veces se le ha definido como una «poeta del amor», la obra de Maram al-Masri ha ido evolucionando hacia temas más explícitamente sociales y políticos, especialmente a partir de la guerra en Siria. Masri da voz a mujeres refugiadas, víctimas de violencia, madres desplazadas. Reúne testimonios y los convierte en poemas, en documentos líricos de una realidad brutal. Sin perder su estilo íntimo, logra proyectar historias colectivas. Este paso del «yo» al «nosotras» ha sido una de las evoluciones más significativas de su carrera. Maram utiliza la poesía como medio de denuncia, pero no abandona la emoción, la ternura ni la belleza. Incluso los horrores de la guerra, los asesinatos y los desplazamientos, los trata con una sensibilidad poética que conmueve sin caer en el sentimentalismo. Ella misma ha dicho: “La poesía no es un adorno. Es un arma. Una forma de resistencia”. En este sentido, su escritura puede leerse también como una forma de militancia estética: una poesía que no abandona el arte, pero que se compromete con la vida. Maram al-Masri: Una mujer que rompe moldes Maram al-Masri también ha sido una figura transgresora dentro de la literatura árabe contemporánea. Hablar abiertamente del deseo femenino, de la maternidad fuera del ideal tradicional, o de la ruptura familiar ha sido —y sigue siendo— una forma de romper tabúes. Su voz ha incomodado tanto a sectores conservadores del mundo árabe como a críticos que esperaban de una poeta siria una voz “orientalista”, exotizada o sumisa. Ella, sin embargo, ha elegido siempre la verdad propia como única guía. En muchas entrevistas ha señalado el coste personal de esa libertad: el estigma, la incomprensión, el dolor. Pero también ha defendido la importancia de dar testimonio, de hablar en nombre de quienes no pueden hacerlo. Sus poemas son, en este sentido, actos de valor. Recepción y reconocimiento internacional La obra de Maram al-Masri es ampliamente celebrada en Europa y América Latina. Ha participado en festivales literarios en todo el mundo, y ha recibido varios premios por su contribución a la literatura y a la defensa de los derechos humanos. Su poesía se tradujo al español, francés, inglés, italiano, alemán, catalán, turco y muchos otros idiomas, lo que ha contribuido a consolidar su figura como una de las voces árabes más internacionales. En el mundo hispano, especialmente, su poesía ha encontrado una fuerte resonancia. Publicaciones como El alma desnuda o Amor temblor de ausencia fueron bien recibidas por su estilo accesible, emocional y profundamente humano. Maram al-Masri hoy: poesía como refugio, poesía como resistencia En tiempos de guerras, migraciones forzadas, crisis climáticas y polarización, la poesía de Maram al-Masri se presenta como un acto de humanidad. Nos recuerda que incluso en medio del horror, existe la belleza; que el lenguaje puede ser un refugio y una trinchera al mismo tiempo. Desde su exilio en París, continúa escribiendo, participando en proyectos con mujeres refugiadas, leyendo en múltiples lenguas, enseñando, y sobre todo, defendiendo la dignidad de la palabra. Su poesía sigue creciendo, como crece su país desde la distancia, entre el dolor y la esperanza. Maram al-Masri demuestra que no se necesita gritar para que te escuchen. Basta con decir la verdad, con la voz temblorosa y firme de quien ha amado, ha perdido, ha huido y ha resistido. Su legado es ese: la palabra sencilla, honesta y poderosa que cruza fronteras y nos habla, a todos, en lo más
La influencia de las mujeres en el desarrollo comunitario árabe
Eventos entre Oriente y Occidente
Jaldía Abubakra: La resistencia y el papel de las mujeres palestinas
En la intersección entre feminismo, anticolonialismo y lucha por la autodeterminación del pueblo palestino, surge una voz clara, fuerte y profundamente comprometida: Jaldía Abubakra. Esta activista, feminista, militante y mujer palestina en la diáspora se ha convertido en una figura clave. Su labor nos ayuda a comprender cómo la lucha por los derechos de las mujeres palestinas no puede desligarse de la ocupación, el exilio y la opresión colonial. Su historia es la de miles de mujeres palestinas. Es excepcional por la manera en que ha tejido redes y creado conciencia política. Ha fortalecido sobre todo el papel de las mujeres como sujetas activas en la lucha de liberación palestina. Orígenes de Jaldía Abubakra marcados por el exilio Jaldía Abubakra nació en Gaza en 1967, en el seno de una familia refugiada que había sido expulsada de Beerseba durante la Nakba de 1948. Catástrofe que implicó la expulsión forzada de más de 700.000 palestinos. Su infancia transcurrió entre el exilio y la represión. Estuvo marcada por la vida en un campo de refugiados y la experiencia de la ocupación militar israelí. En los años ochenta se exilió en Egipto, y en 1985 llegó a Madrid como refugiada política. Desde entonces, España se convirtió en su segundo hogar. También ha sido un nuevo frente de lucha, desde donde canalizó su activismo en defensa de la causa palestina y, en particular, de las mujeres palestinas. Jaldía Abubakra: Un feminismo anticolonialista desde la diáspora Jaldía Abubakra ha insistido en que no puede haber liberación de las mujeres palestinas sin la liberación de Palestina como nación. Para ella, la opresión patriarcal que sufren las mujeres no puede analizarse de forma aislada del colonialismo sionista y del sistema de ocupación israelí. Esta visión le ha llevado a desarrollar un feminismo radicalmente anticolonial, internacionalista y profundamente conectado con las experiencias de mujeres oprimidas en todo el mundo. Imagen tomada de la página de Mujer Palabra En 2017, cofundó el movimiento feminista Alkarama (que significa “dignidad” en árabe). Se trata de una red de mujeres palestinas en la diáspora que tiene como objetivo visibilizar las múltiples formas de resistencia femenina frente al colonialismo, el racismo y el patriarcado. Alkarama también busca combatir los estereotipos y la deshumanización que pesan sobre las mujeres árabes y musulmanas en los imaginarios occidentales. Uno de los ejes centrales del activismo de Jaldía es desmontar la imagen de la mujer palestina como víctima pasiva, sin voz ni agencia. La ocupación como violencia de género Jaldía Abubakra ha denunciado con claridad cómo la ocupación israelí utiliza el cuerpo de las mujeres como campo de batalla. En múltiples entrevistas ha relatado casos de humillaciones sexuales o abusos en los controles militares. Asimismo, ha denunciado la negación de atención médica a mujeres enfermas o embarazadas, e incluso torturas a presas políticas. En su visión, la ocupación israelí ejerce un control estructural sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres palestinas: Todo esto constituye, para Abubakra, una forma específica de violencia de género con un carácter político y colonial. “En Palestina, el género se utiliza como arma de guerra” afirma con contundencia. Masar Badil y Samidoun: militancia internacionalista Además de su trabajo en Alkarama, Jaldía es una figura activa en redes internacionales. Forma parte de algunas como Masar Badil (Ruta Revolucionaria Alternativa Palestina) y Samidoun, una red de apoyo a prisioneras y prisioneros palestinos. Ha contribuido a consolidar una narrativa que coloca a las mujeres palestinas en el centro de la resistencia. No solo como madres o cuidadoras, sino como militantes, organizadoras, lideresas. Desde la diáspora en Madrid, participa en campañas globales de boicot al régimen israelí (BDS), en denuncias ante organismos internacionales y en la articulación de redes entre mujeres palestinas en Europa, América Latina y el mundo árabe. Su visión es clara: la diáspora no es un lugar de espera, sino un espacio de lucha. Palestina como eje del feminismo global Uno de los aportes más importantes de Jaldía Abubakra fue conectar la lucha feminista palestina con las luchas de mujeres en otros contextos de opresión. Ha sido invitada a encuentros feministas en América Latina, ha dialogado con mujeres indígenas, negras y migrantes, y ha trazado puentes entre causas que muchas veces han estado aisladas. Desde su perspectiva, Palestina no es solo una causa nacional, sino un espejo en el que se reflejan las formas más brutales de violencia estructural y de resistencia popular. Por eso, insiste en que el feminismo internacionalista tiene una responsabilidad con Palestina, y que la solidaridad no puede ser simbólica: debe ser política, práctica y transformadora. Jaldía Abubakra no es solo una activista palestina; es una una constructora de redes, una militante de la vida digna. Su trabajo demuestra que el feminismo no puede ignorar las realidades coloniales, que la solidaridad no puede limitarse a gestos simbólicos y que las mujeres palestinas no necesitan ser salvadas, sino escuchadas, acompañadas y visibilizadas. Su lucha es un llamado a la acción, a la empatía radical y a la construcción de un feminismo que sepa mirar más allá de sus fronteras. Fotografía de portada tomada de la publicación El Salto
Syrine Ben Moussa: reina del malouf y embajadora de la música arabo-andalusí
Syrine Ben Moussa emerge como una de las voces más destacadas del panorama musical tunecino contemporáneo. Nacida en Testour, cuna histórica del malouf en el norte de Túnez, y residente en Francia, es cantante, musicóloga, compositora, investigadora, docente y gestora cultural. Su carrera ejemplifica una vocación profunda por preservar y hacer evolucionar un patrimonio cultural milenario, al tiempo que construye puentes entre culturas. Raíces y formación: de Testour a la Sorbona Testour, su ciudad natal, es reconocida como la capital del malouf, una tradición musical que hunde sus raíces en la herencia arabo-andalusí del Magreb. Desde muy pequeña, Syrine estuvo en contacto con este repertorio. Su padre la llevaba a conciertos en la Rachidia de Túnez, y a los nueve años ingresó en el conservatorio, primero como violinista, y luego se especializó en canto clásico árabe. Posteriormente, se formó en la Sorbonne, donde obtuvo un doctorado en Música y Musicología, además de dos másteres —en Gestión del Patrimonio Audiovisual y en e‑Business— complementados por un MBA. Este perfil académico le otorga una visión multidimensional: no solo interpreta, sino que investiga, gestiona proyectos culturales y enseña. La carrera artística de Syrine Ben Moussa En 2005, Ben Moussa debutó con su primer recital, «Brises tunisiennes», como solista, marcando su compromiso con el malouf y la música arabo-andalusí. Desde entonces, su nombre resuena en escenarios internacionales: Del muro oficial de FB de Syrine Ben Moussa Además, en julio de 2024 inauguró la 58ª edición del Festival Internacional de Malouf de Testour con “Brises andalouses”, en un evento respaldado por el Instituto Cervantes y la embajada de España. Desde su debut, su voz ha sido comparada con el legado de grandes figuras del malouf femenino como Hend Zouari, consolidando su reputación como “la nueva reina del malouf”. Estilo y repertorio: autenticidad y fusión El malouf y sus raíces El malouf es la música arabo-andalusí más emblemática de Túnez, con raíces que se remontan a la Península Ibérica del siglo XV. Estricta en estructura y refinada en interpretación, combina poesía cantada con músicos que ejecutan instrumentos tradicionales como el úd, el qanun, el violín y la darbuka. Testour es uno de los centros que mejor conservan esta tradición; Syrine, nacida en 1984, fue educada en ella desde la infancia gracias también al círculo de Malouf del maestro Tahar Gharsa. La Fusión y apertura de Syrine Ben Moussa Sin abandonar la tradición, Syrine destaca por sus fusiones creativas. “Brises andalouses” incorpora poesía de Federico García Lorca, además de adaptar piezas magrebíes y combinarlas con elementos del flamenco, el fado, jazz y música clásica . Su enfoque sincrético, dialogando en árabe y en español, reivindica el legado andalusí como laboratorio de convivencia y mestizaje. Su formación académica refuerza esto: su experiencia como gestora cultural y docente en Europa subraya su deseo de que el malouf llegue al corazón de oyentes diversos. Gestión cultural y docencia de Syrine Ben Moussa Syrine Ben Moussa no solo canta. Desde 2012, dirige Tuni Culture, una asociación dedicada a la promoción del patrimonio artístico tunecino en Francia. También fue directora artística del Festival de Músicas Sagradas de París entre 2016 y 2019, rol que la situó como referente en la escena cultural europea. Desde 2012, imparte clases de canto arabo-andalusí en colaboración con la Ciudad de París, transmitiendo técnicas vocales, modos musicales (maqamat), ornementación y repertorio tradicional a nuevas generaciones. En junio de 2025 dirigió el concierto de fin de año de alumnos de malouf en la Maison de Tunisie, una muestra de su labor como profesora. Proyección internacional Su prestigiosa formación y trayectoria le han abierto las puertas de audiencias y festivales muy diversos: Incluso en redes como Reddit destacó su presentación como “un espectáculo musical impresionante” que abrió el festival con gran impacto . Lazos culturales entre Túnez, Europa y el mundo árabe Su labor artística y académica ha estrechado vínculos culturales entre Túnez, Francia, España y el resto del mundo árabe: Hoy, Syrine Ben Moussa representa una generación que combina erudición y tradición ya que es una musicóloga que rescata y estudia repertorios. Arte y experimentación pues es una artista que fusiona géneros y gestión y docencia pues se desempeña como gestora cultural activa en múltiples frentes. Su legado será perdurable: ha solidificado la presencia femenina en el malouf, ha internacionalizado la tradición tunecina e impulsa una nueva era de intercambio cultural. Proyectos futuros incluyen grabaciones, giras, investigación y más iniciativas pedagógicas. En tiempos de globalización y migraciones, su música simboliza que los puentes culturales no solo vinculan territorios, sino que sostienen memorias, pertenencias y esperanzas compartidas. Syrine Ben Moussa es, sin duda, una embajadora de esa herencia viva. Imagen de portada del diario The Diplomat
Ahd Kamel: Pionera del cine saudita
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