La historia de Hanady Houry no empieza en un salón de belleza, aunque hoy ese espacio sea el lugar donde muchas personas la conocen, la admiran y la sienten cercana. Su historia empieza en Siria, en un país atravesado por una guerra que no solo destruyó ciudades, sino también certezas, proyectos de vida y futuros imaginados. Como tantas mujeres árabes migrantes, Hanady no salió de su país buscando una aventura, sino buscando supervivencia, dignidad y un mañana posible para sus hijos.
Cuando habla, su relato no se detiene en el drama, aunque lo atraviese. Siria, Líbano, Irak, Dubái, Europa. Una ruta marcada por conflictos, desplazamientos forzados y decisiones tomadas con urgencia. Migrar, en su caso, no fue una elección libre, sino una respuesta valiente a un contexto que empujaba a marcharse. Y aun así, en cada país, en cada parada, Hanady fue construyendo algo: experiencia, aprendizaje, resistencia.
Sedra salon, el proyecto de Hanady donde se cruzan culturas
Llegó a España hace pocos años. Un país nuevo, un idioma desconocido, una ciudad ajena. Para cualquier persona migrante, ese comienzo suele estar lleno de obstáculos invisibles: la burocracia, la soledad, la mirada del otro, la dificultad de expresarse, la necesidad constante de demostrar que una vale, que sabe, que puede. Para las mujeres árabes, esos obstáculos se multiplican. A la condición de migrante se suma el peso de los estereotipos: la mujer árabe como víctima pasiva, como figura silenciada, como alguien a quien hay que “rescatar”. Nada más lejos de la realidad de Hanady.

Imagen de la cuenta oficial de FB de Sedra Salon
Ella es profesora de belleza, peluquería y estética. Su oficio es una poderosa herramienta de integración, autonomía y encuentro. Sedra Salón, el espacio que ha creado en España, no es solo un negocio: es un lugar donde se cruzan culturas, idiomas e historias. Allí conviven trabajadoras de Siria, Georgia, Ucrania y España. Allí entran clientas árabes, españolas, mexicanas. Allí, como ella misma dice, el trato es “como una familia”.
La profesión de Hanady Houry es un espacio de enriquecimiento
Ese detalle no es menor. Para muchas mujeres migrantes, el trabajo no es solo una fuente de ingresos: es un ancla emocional, un espacio de pertenencia en un entorno que a menudo las hace sentir extranjeras incluso después de años. A través de su profesión, Hanady no solo se integra, sino que crea comunidad. Su salón se convierte en un pequeño territorio donde las diferencias no separan, sino que enriquecen.
El idioma fue una de las grandes barreras al llegar. “Sin idioma y en una ciudad nueva, sí, fue difícil”, reconoce. Esa frase resume una experiencia compartida por miles de mujeres migrantes en España. La dificultad para comunicarse limita el acceso al empleo, a los derechos, a la vida social. Pero también pone a prueba la autoestima. Aprender un nuevo idioma siendo adulta, trabajando, cuidando hijos, arrastrando duelos y migraciones forzadas, es un acto de enorme valentía. Hanady lo hace “poco a poco”, como tantas otras, sin rendirse.
Hanady Houry y su hogar para compartir experiencias
España aparece en su relato como un lugar de acogida. “Hay vida, son muy amables, me ayudan en todo”, dice. Esa percepción positiva convive, sin embargo, con una realidad más compleja que muchas mujeres árabes enfrentan: la discriminación, el racismo cotidiano, la precariedad laboral, la dificultad para homologar títulos, la sospecha constante. Aun así, historias como la de Hanady nos recuerdan que la integración no es asimilación ni borrado de identidad, sino un proceso mutuo, donde la sociedad que acoge también se transforma.

Imagen de la página de FB de Hanady
Hablar de mujeres migrantes árabes que vienen de contextos de guerra es hablar de cuerpos que han vivido el miedo, la pérdida y el desplazamiento. Pero también es hablar de fuerza, de capacidad de adaptación y de liderazgo. Hanady Houry lo dice con claridad y sin victimismo: “Sois muy fuertes. Todas las mujeres en el mundo necesitan trabajar y saber qué quieren”. En su mensaje hay una reivindicación universal: el trabajo como herramienta de independencia, el conocimiento de una misma como base de la felicidad.
Una apuesta por el encuentro y el futuro
Su historia desmonta muchos prejuicios. No es una mujer sumisa ni dependiente. Es emprendedora, jefa, formadora, madre, migrante y creadora de espacios seguros. Es una mujer que ha atravesado guerras y fronteras, y que aun así apuesta por la vida, por el encuentro y por el futuro.
En una Europa que a menudo mira a las mujeres árabes desde la distancia o el paternalismo, testimonios como el de Hanudy son esenciales. Nos obligan a cambiar la mirada. A entender que detrás de cada acento, de cada una de ellas hay una historia compleja, una red de afectos y una enorme contribución social y económica.
Hanady se presenta tal y como es: con palabras sencillas, con un español en construcción, con una claridad emocional que no necesita adornos. Escucharla es un ejercicio de respeto y de aprendizaje.
Porque, como ella misma afirma, la vida puede ser mejor para las mujeres fuertes. Y Hanady, sin lugar a dudas, lo es.








