Un comienzo en movimiento
Selma Baccar nació el 15 de diciembre de 1945 en Túnez. Criada en un momento de grandes transformaciones sociales y culturales en su país, se interesó por las artes y el cine desde muy joven. Su familia se mudó a Hammam-Lif cuando tenía siete años, y fue precisamente allí, en el club de cine de aficionados local, donde comenzó a experimentar con el medio cinematográfico.
Estudió psicología en Suiza entre 1966 y 1968, y luego decidió formarse en cine en París, lo que le permitió regresar a Túnez con una mirada nueva y una gran convicción: el cine debía servir para contar historias invisibilizadas y provocar reflexión social.
Hacer camino como mujer directora
En un ámbito dominado por hombres y en un contexto donde las mujeres tenían escasas oportunidades para dirigir, Baccar destacó de manera pionera. Su primer cortometraje, L’Éveil (1966), lo realizó con recursos mínimos en el club de cine amateur de Hammam-Lif, marcando el inicio de su compromiso tanto artístico como social.
En 1975 dirigió Fatma 75, considerada la primera película de largometraje dirigida por una mujer en Túnez. Esta película adopta una estructura de tipo ensayo — mezclando ficción, entrevistas y elementos de archivo — y aborda el papel de la mujer en la sociedad tunecina desde distintas épocas.

La obra fue extremadamente audaz para su momento y fue censurada en Túnez, permaneciendo durante años sin distribución. Sin embargo, se convirtió en un referente del cine feminista árabe.
Cine con compromiso
La filmografía de Baccar está marcada por su voluntad de abordar las condiciones de las mujeres, la memoria colectiva y los cambios sociales en Túnez. En su obra subyace un activismo que va más allá de la cámara.
Otra de sus películas destacadas es El Jaïda (2017), que reconstruye la vida en una prisión de mujeres entre 1954 y 1955, mostrando cómo mujeres de diferentes orígenes conviven, resisten y redefinen su vida en un contexto opresivo.

Baccar ha afirmado en numerosas ocasiones que para ella “el cine de autor es un cine de compromiso”, y esta idea se percibe en toda su filmografía, donde lo personal y lo político se entrelazan constantemente.
Producción, política y visibilidad
Además de directora, Selma Baccar fue también productora. En 1990 creó su propia compañía, lo que la convirtió en la primera mujer productora en Túnez.
Tras la revolución tunecina y los movimientos de cambio, Baccar decidió involucrarse también en la política: fue elegida en 2011 como miembro de la Asamblea Constituyente de Túnez y, en 2014, presidió un bloque parlamentario de demócratas, siendo la primera mujer en ocupar esa posición.
Esta doble faceta, artística y política, refuerza su figura como una creadora integral que concibe el cine como un instrumento de transformación y un reflejo de su compromiso con la igualdad.
Impacto cultural
Su presencia en el cine tunecino y árabe está reconocida a nivel internacional. En 2023 fue homenajeada por el Festival Internacional de Cine de Mujeres de Asuán, que celebró su trayectoria como pionera del cine femenino en el Magreb y su contribución a los derechos de las mujeres.
El impacto de su obra también ha sido objeto de estudios académicos y retrospectivas cinematográficas. Se la considera una figura fundacional del cine de mujeres en el norte de África, cuyas películas abrieron el camino a nuevas generaciones de realizadoras.
Temas recurrentes en su obra
Al analizar su trayectoria cinematográfica emergen varios temas que atraviesan sus películas:
- Emancipación femenina y espacio público: Desde Fatma 75, Baccar se interesa por la mujer que se rebela ante los roles tradicionales y busca su lugar en la sociedad.
- Memoria e historia: Sus películas rescatan del olvido historias de mujeres obreras, presas o marginadas, conectando generaciones y reescribiendo la memoria colectiva.
- Hibridación de formas: Ensayo documental, ficción, archivo y reconstrucción histórica. Baccar rompe las fronteras del género para explorar nuevas maneras de narrar.
- Contexto político: Sus filmes están profundamente enraizados en la realidad tunecina. Critican la opresión, las dictaduras y las estructuras patriarcales.
- Visibilidad y voz: En su obra, la mujer deja de ser objeto para convertirse en sujeto activo, narradora de su propia historia.

Imagen tomada de la página de la Mostra Internazionale del Nuovo Cinema
Algunos hitos de su filmografía
- L’Éveil (1966) – Cortometraje en blanco y negro que marca su debut como directora.
- Fatma 75 (1975/76) – Primer largometraje tunecino dirigido por una mujer. Ensayo fílmico sobre el rol histórico de la mujer en la sociedad.
- Habiba M’sika / La Danse du Feu (1994) – Biopic de la cantante y bailarina tunecina de los años 30, símbolo de libertad y transgresión.
- Khochkhach / La Fleur de l’Oubli (2006) – Historia de una mujer que descubre que su marido es homosexual. Una exploración sensible de la intimidad y la aceptación.
- El Jaïda (2017) – Drama histórico sobre una prisión femenina en la Túnez colonial. Retrata las heridas del pasado y la sororidad como forma de resistencia.
Su enfoque narrativo y estético
Baccar comenzó su carrera con apenas un cuaderno de notas y una cámara prestada, pero con una idea muy clara: el cine debía servir para cuestionar y transformar.
Su estilo combina testimonio, feminismo, reconstrucción histórica y emoción. En sus películas lo político se expresa a través de lo íntimo, lo colectivo a través de lo individual, y lo estético a través de lo necesario.
Para Baccar, el cine no es un lujo ni un entretenimiento; es una herramienta de diálogo, un espejo social y una forma de militancia.
Retos enfrentados
Su trayectoria no estuvo exenta de obstáculos:
- Censura: Fatma 75 fue prohibida en Túnez durante años por su contenido feminista y su tono crítico hacia las estructuras patriarcales.
- Desigualdad de género: Durante décadas, Baccar fue una de las pocas mujeres cineastas en todo el Magreb.
- Falta de apoyo institucional: La financiación y distribución de sus películas siempre fue una lucha constante.
A pesar de ello, su perseverancia la convirtió en símbolo de resistencia cultural y artística. Gracias a su trabajo, las generaciones posteriores de directoras tunecinas encontraron un camino más abierto.
¿Por qué es relevante hoy?
En un momento en que el cine árabe y africano gana visibilidad internacional, la figura de Selma Baccar se vuelve aún más esencial. Ella representa la raíz de un movimiento de cine comprometido, hecho desde la autenticidad y la convicción.
Su cine no se limita a denunciar injusticias, sino que propone repensar la historia desde una mirada femenina. Baccar nos recuerda que el cine puede ser un espacio de resistencia y de memoria, y que las imágenes son también formas de escribir historia.
Además, su incursión política refuerza su legado como una mujer que no se conformó con observar el mundo: decidió transformarlo.Selma Baccar es más que una directora: es una pionera, una intelectual y una activista. Su nombre está grabado en la historia del cine tunecino como símbolo de independencia, creatividad y compromiso social.
Sus películas no solo cuentan historias de mujeres; cuentan la historia de un país y de una generación que luchó por su voz.
Ver una película de Baccar es mirar de frente la historia, escuchar las voces silenciadas y sentir cómo el arte puede ser también una forma de emancipación.
Imagen principal tomada de la página Sabzian








