Salima Issaoui El Harrak: «La poeta, antes de usar su cuerpo para escribir, ha sentido su cuerpo como archivo»

En Leche de higuera sobre la piel, Salima Issaoui El Harrak reúne poemas que recorren los altos y bajos de su relación con la bipolaridad, exploran el cuerpo como memoria y cuestionan las etiquetas que condicionan nuestra manera de mirar el mundo. En esta conversación, habla de la escritura como refugio, del humor como herramienta creativa y de la literatura como herencia.

«Yo misma me pregunto si mi manera de mirar el mundo y de escribir es algo intrínsecamente mío, escrito en la sangre, o escrito desde el sedimento de lo vivido».

Así comienza Salima Issaoui El Harrak, nacida en Barcelona de orígenes marroquíes. Nos explica la relación entre su historia personal y su escritura. No ofrece una respuesta cerrada, sino una pregunta que parece acompañarla y que, quizá, también atraviesa su literatura. ¿Cuánto hay de lo que somos desde el principio y cuánto de aquello que hemos vivido? ¿Hasta qué punto las experiencias que nos marcan terminan convirtiéndose en una manera particular de mirar?

Salima Issaoui

«Siempre he sido muy reflexiva y observadora, y además (para fortuna de las almas inquisidoras y desgracia de las que no) mi vida contiene muchas vidas», añade.

En esa última frase hay curiosidad, ironía y una forma de presentarse sin necesidad de simplificarse. Issaoui El Harrak parece sentirse más cómoda con las preguntas que con las definiciones definitivas. Su escritura parte precisamente de ese territorio en el que conviven distintas versiones de una misma persona.

Salima Issaoui: Aprender a pasar desapercibida

Si tuviera que elegir una etapa que haya marcado su manera de estar en el mundo, la escritora volvería a sus primeros años. Por motivos de salud, no empezó a acudir a la escuela con regularidad hasta después que otros niños. Aquella incorporación tardía a lo que se entendía como normalidad le planteó una experiencia difícil de asimilar.

«Esa «normalidad» que por fin conocí me costó digerirla», recuerda.

Su percepción de la escuela estaba lejos de la imagen convencional del aprendizaje. «No entendía que se fuera a clase a aprender, cuando a mí me parecía justo lo contrario: que se iba a salir ileso, a pasar desapercibida, a asistir al teatro de la escuela, donde de vez en cuando, por azar, una aprendía algo».

La escuela como teatro, la necesidad de salir ilesa, el deseo de pasar desapercibida: sus palabras construyen una escena que invita a mirar de otra manera una experiencia aparentemente cotidiana. En lugar de describir la infancia desde la nostalgia, la autora recupera la extrañeza de quien observa las reglas sociales desde fuera y necesita encontrar su lugar en ellas.

Esa mirada inquisitiva reaparece en su forma de entender la literatura: observar lo que se da por hecho, cuestionar lo que parece natural y encontrar otras maneras de nombrar aquello que vivimos.

«El vacío y la euforia» en Leche de higuera sobre la piel

La relación con la bipolaridad constituye el punto de partida de Leche de higuera sobre la piel, una antología poética que reúne textos escritos en distintos momentos.

«Es una selección que armé con cuidado entre mis cientos y cientos de poemas para enfrascar los altos y bajos (vacío y euforia) en mi relación con la bipolaridad», explica.

La elección de la palabra enfrascar resulta significativa: reunir, contener, preservar una experiencia en una forma que permita acercarse a ella. Los poemas seleccionados no pretenden necesariamente ordenar una historia, sino recoger sus variaciones, sus contrastes y sus distintas intensidades.

La autora insiste en que quiere hablar de la bipolaridad desde una perspectiva que no quede atrapada en el estigma. En sus palabras, busca situarse «más cerca de un hermoso pavo real que se pavonea mientras vive».

La imagen rompe con cualquier expectativa de solemnidad. El pavo real no se esconde ni pide permiso para desplegarse: ocupa su espacio y muestra sus colores. La metáfora propone una manera distinta de mirar una experiencia que con frecuencia se aborda exclusivamente desde el diagnóstico.

En este sentido, el libro se puede poner en diálogo con los estudios sobre escritura autobiográfica y representación de la salud mental, que exploran cómo la narración en primera persona puede ampliar los discursos sociales sobre la identidad y la experiencia individual. Pero la intención de Issaoui El Harrak se expresa, sobre todo, en sus propias palabras: contar sin quedar atrapada en una etiqueta.

Un hogar hecho de papel y bolígrafo

La escritura ha sido siempre un lugar al que regresar. No necesita una mesa ordenada, una libreta nueva ni unas condiciones especiales para empezar.

«A escribir siempre me he atrevido, pues para mí es en el papel (en el que sea: servilletas de restaurante, manos, libretas usadas y requeteusadas) y en un boli donde, desde que escribo, he encontrado un lugar».

Y continúa: «Ese es mi hogar, mi safe space, como tanto les gusta decir a los americanos».

La imagen del hogar introduce una dimensión íntima en su relación con la literatura. Escribir no es únicamente producir textos: es disponer de un espacio propio, una forma de estar y de elaborar lo vivido. Sin embargo, ese espacio no siempre estuvo abierto a los demás.

«Hasta hace poco eran solo los más allegados quienes conocían la poesía que habita en mí», cuenta. Durante años, además, tuvo la costumbre de eliminar buena parte de lo que escribía.

«De hecho, hasta hace unos pocos años tenía la tremenda manía de eliminar casi todo el material que escribía».

Compartir los poemas ha supuesto enfrentarse a otra clase de exposición. «La idea de compartir con desconocidos (o incluso con conocidos, que no dejan de ser desconocidos a los que lentamente les quitamos el «des») me sigue generando controversia».

Publicar significa permitir que otras personas entren en ese hogar que durante tanto tiempo fue privado. Lo que antes permanecía en libretas o desaparecía antes de llegar a otros ojos adquiere ahora una existencia compartida.

Pero abrir la puerta no significa renunciar a la intimidad: significa decidir qué hacer con aquello que se ha escrito y aceptar que una experiencia personal puede encontrar resonancias en otras vidas.

«Cada vez hay más luz en mis textos»

La evolución de su voz literaria no se mide únicamente por lo que ahora se atreve a compartir, sino también por la libertad con la que experimenta.

«Me encanta experimentar y enrarecer un texto o una palabra hasta que deje de significar lo que «debería»; tensionar las expectativas y divertirme un poco», afirma.

En esa búsqueda, el lenguaje deja de ser un instrumento transparente y se convierte en un terreno de juego. Las palabras pueden desplazarse, perder su sentido habitual y adquirir otros significados. La escritura no tiene por qué obedecer siempre a lo esperado.

«En cuanto a mi voz literaria, que esa es realmente la pregunta, creo que cada vez hay más luz en mis textos».

Y hay una última frase que aporta una clave para comprender ese cambio: «Desde luego, ahora hay mucho más humor».

La luz y el humor conviven aquí con el vacío, la euforia y las experiencias difíciles. No se trata de borrar las sombras, sino de ampliar las posibilidades expresivas. Experimentar, jugar y reírse también forman parte de una escritura que se resiste a quedar definida por una sola tonalidad.

Las mujeres para Salima Issaoui son «flores en minas de hierro»

Al hablar de las mujeres que han marcado la vida de Salima Issaoui y de las experiencias compartidas por quienes proceden de determinados contextos, Issaoui El Harrak recurre a algunas de las imágenes más potentes de la entrevista.

«Cuando pienso en esas mujeres, las poetisas reales, todas ellas han sido flores en minas de hierro».

La metáfora sitúa a esas mujeres en un entorno hostil, obligadas a encontrar maneras de existir allí donde no siempre hay espacio para hacerlo. La autora continúa describiendo sus cuerpos como «vasijas que guarecen padeciendo», y recurre después a una comparación inesperada con los pimientos de Padrón, «modificados para que «unos piquen y otros no»».

Salima Issaoui

Su pregunta introduce una ironía que desarma la imagen de la diferencia como algo que debe corregirse: «Y yo me pregunto qué gracia tendrán unos pimientos que no hicieron aquello a lo que vinieron».

En su reflexión, el cuerpo aparece atravesado por las expectativas ajenas, pero también como depositario de una historia propia.

«La poeta, antes de usar su cuerpo para escribir, ha sentido su cuerpo como archivo».

Es una frase que resume buena parte de su pensamiento sobre la escritura. Antes de convertirse en materia literaria, el cuerpo ya ha acumulado experiencias, recuerdos, limitaciones y formas de mirar. Escribir permite recuperar ese archivo y encontrar una voz desde la que compartirlo.

«Así que sí, escribir desde aquí es compartirnos y quitarnos ese corset», concluye.

La idea conecta con los estudios sobre poesía escrita por mujeres y memoria corporal, como los trabajos publicados en la revista académica SOMEPSO, que exploran la relación entre el cuerpo, la experiencia y la expresión poética.

«No hay nada más bello que dejar literatura en herencia»

Al terminar la entrevista, Issaoui El Harrak no pide que las lectoras se queden necesariamente con su libro. Su deseo es otro: que encuentren lecturas que las acompañen y mundos en los que puedan perderse.

«Que lean, no precisamente a mí; hay cosas mucho mejores que lo mío. Pero que encuentren libros con los que obsesionarse un poco, mundos a los que entrar».

Y añade: «Que en la fantasía plasmada en tipografía crezcan».

Es una invitación a leer sin convertir la literatura en una obligación ni en una competición. A encontrar libros capaces de despertar preguntas, abrir caminos y modificar, aunque sea ligeramente, la manera de comprender la propia vida.

La última recomendación de Salima Issaoui es también una declaración de amor a los libros: «Y que compren y regalen libros. No hay nada más bello que dejar literatura en herencia».

Quizá esa sea la forma más sencilla de acercarse a Leche de higuera sobre la piel: entenderlo como el resultado de una escritura que parte de lo íntimo para abrirse a los demás. Una selección de poemas que reúne los claroscuros de una experiencia personal, pero que también invita a mirar las historias que guardamos en el cuerpo y las palabras que todavía necesitamos encontrar.

Como recuerda Salima Issaoui El Harrak, escribir puede ser una manera de compartirnos. Y leer, tal vez, una forma de descubrir que nuestras propias vidas también contienen muchas vidas.

Fotografias facilitadas gentilmente por Salima El Harrak.

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