Zohra Sidki: el galope que transformó el norte de Marruecos

En el noroeste de Marruecos, entre las colinas y llanuras que conectan Tánger, Tetuán y Larache, cada primavera revive un ritual milenario. El Festival Ecuestre Internacional de Mata, conocido popularmente como Mata Moussem, una carrera a caballo sin montura. Sus orígenes se remontan a tradiciones introducidas por el poeta y sufí Moulay Abdesalamhace más de 800 años. 

Entre los más de 300 jinetes que compiten cada año por la gloria, destaca una figura singular: Zohra Sidki, la única amazona que ha dejado huella en una carrera tradicionalmente dominada por hombres. Su historia —de desafío, determinación y reivindicación silenciosa— ha trascendido el ámbito local para convertirse en símbolo de un feminismo que nace de la vida cotidiana. 

De niña humilde a amazona infatigable

Zohra Sidki no nació con privilegios ni títulos. No sabe con exactitud cuántos años tiene —ella misma calcula que rondará los 60— y nunca aprendió a leer ni escribir, algo común en su entorno rural. 

Desde niña, Zohra desarrolló una afinidad extraordinaria con los caballos. Su primera experiencia fue ayudar a su padre llevándole comida al campo a lomos de una yegua, lo que le permitió familiarizarse con la montura sin que ello fuera pensado como un “deporte” o un reto social. Para ella, más que práctica, montar fue una forma de sentirse libre. 

Su habilidad llamó tanto la atención que, de niña, fue detenida por la policía local por cabalgar sola por la playa —un acto “inapropiado” para una niña según las normas no escritas de la comunidad— y llevada ante el alcalde. Su tenacidad la ayudó a convencer a las autoridades de que podía seguir montando. 

Mata Moussem: tradición ecuestre y desafío al patriarcado

El Festival Mata es mucho más que una carrera. Las competiciones se celebran durante días en la gran explanada de Beni Arous, al sur de Tánger, y constituyen un encuentro social, cultural y económico para las tribus que mantienen viva esta tradición. Los jinetes compiten por una muñeca de trapo —el trofeo tradicional— que hace honor a la palabra “Mata”, que significa montar a pelo. 

Zohra Sidki fue la primera y, durante años, la única mujer en participar en esta carrera milenaria, enfrentándose –y ganando– a hombres que veían esta tradición como dominio exclusivo de su género. Su participación abrió la puerta para que otras mujeres consideraran participar y puso en evidencia que la tradición no tiene por qué excluir a las mujeres. 

Un feminismo que cabalga sin montura

Aunque Zohra nunca se consideró activista, su simple presencia en la pista de Mata tuvo un enorme impacto simbólico. Según reporta El País, su participación en el festival ha sido vista como un feminismo “involuntario”, que se expresa a través de sus actos más que de discursos. 

Imagen tomada del diario El País

Esa participación no fue una casualidad. En 2010, cuando se reactivó la tradición del Mata Moussem tras años de olvido, Zohra no dudó en apuntarse, a sabiendas de que sería la única mujer entre decenas de hombres. No solo fue aceptada, sino que ganó el primer puesto, sorprendiendo a sus competidores y derribando prejuicios culturales. 

Cada vez que Zohra sube a su caballo, desafía un orden social que históricamente restringía la presencia femenina en espacios públicos y de prestigio. Lo hace sin gritar, sin exigir nada públicamente; simplemente, cabalga. Para ella, eso ya es un acto político. 

Visibilidad y legado para nuevas generaciones

El impacto de Zohra va más allá de sus victorias en la carrera. Su figura ha captado la atención de medios internacionales —como lo atestigua la cobertura en Swissinfo, que la presentó como la única amazona entre más de 300 jinetes de Mata—, y ha impulsado proyectos comunitarios para incluir más mujeres en la equitación. 

La familia Baraka, que rescató y organiza el festival, apoya la idea de crear una escuela de equitación para niñas y mujeres, con la esperanza de que el legado de Zohra inspire a nuevas generaciones a tomar la rienda de su destino. 

Además, como destaca National Geographic, este festival no es solo una competición, sino un momento de encuentro tribal, celebración cultural y orgullo comunitario, donde el caballo une a comunidades que han transmitido el arte de montar de generación en generación. Integrar a mujeres en este espacio significa reconfigurar la tradición desde dentro, no negarla.

Más allá de la pista: dignidad, igualdad y oportunidades

Zohra sabe que su tiempo en la pista es finito: hoy no compite con la misma frecuencia, en parte por limitaciones económicas —debe alquilar un caballo para participar— y por la edad. Sin embargo, su rol como figura de respeto la convierte en una embajadora del festival y en un referente para quienes ven en ella un puente entre pasado y futuro posibles

Imagen tomada de la revista National Geographic

Su sueño no es solo correr: es ver a otras mujeres cabalgar, convertirse en una maestra que les enseñe a amar al caballo tanto como lo ama ella, y que ayude a transformar una tradición ancestral en un espacio donde hombres y mujeres puedan compartir honor, respeto e igualdad. 

Zohra Sidki es mucho más que una amazona del norte de Marruecos. Su lucha por los derechos de las mujeres —aunque no articulada en términos políticos clásicos— se expresa en cada carrera, en cada paso de caballo, en cada mirada que cambia ante su presencia. Es la figura que demuestra que a veces el cambio cultural empieza por hacer lo que uno ama, sin pedir permiso.

Imagen principal tomada de la revista Atalayar

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