Zahraa Jabbar es una joven iraquí cuya historia personal se ha convertido en un ejemplo poderoso de superación, acceso a la educación y compromiso social. Nacida en Bagdad, su vida ha estado marcada por conflictos bélicos, desplazamientos forzosos y una constante búsqueda de oportunidades. Hoy, su perfil combina tres dimensiones clave: refugiada, académica y activista.
Infancia marcada por la guerra: de Irak a Yemen
Zahraa Jabbar nació en Bagdad, pero su infancia estuvo profundamente condicionada por la guerra. En 2004, su familia se vio obligada a huir de Irak debido al conflicto, iniciando un primer desplazamiento hacia Yemen.

Imagen tomada de la página de IE University
Durante diez años vivió allí, hasta que en 2014 estalló la guerra civil yemení, lo que provocó un nuevo episodio traumático: su casa fue destruida por bombardeos.
Este doble desplazamiento —primero desde Irak y después desde Yemen— es clave para entender su identidad. No se trata de una migración puntual, sino de una experiencia prolongada de inestabilidad que afectó a su educación, su entorno social y su desarrollo personal.
La ruta del refugio: Grecia y los campos de refugiados
Tras abandonar Yemen, la familia de Zahraa emprendió un difícil viaje hacia Europa. Pasaron por Turquía y finalmente llegaron a Grecia, donde vivieron durante meses en campos de refugiados cercanos a la frontera con Macedonia del Norte.
Allí, en condiciones precarias, Zahraa comenzó a mostrar rasgos que definirían su futuro: colaboró como traductora con organizaciones humanitarias y trató de mantener una actitud positiva pese a la incertidumbre.
Esta etapa no solo evidencia las dificultades del sistema de acogida europeo, sino también el papel activo que muchas personas refugiadas adoptan incluso en situaciones límite.
Llegada a España: educación como punto de inflexión
Gracias a un programa de reubicación, Zahraa llegó finalmente a España, concretamente a Palma de Mallorca. Allí pudo retomar su educación, terminar el instituto y empezar a reconstruir su vida.
Este momento marca un antes y un después: por primera vez, la estabilidad le permitió proyectarse hacia el futuro. Zahraa entendió entonces que la educación no era solo un derecho, sino una herramienta para transformar su realidad.
IE University: excelencia académica y vocación global
Su esfuerzo la llevó a conseguir una beca para estudiar el grado en Relaciones Internacionales enIE University, donde más tarde también cursó un máster en la misma área.
Durante su etapa universitaria, destacó académicamente —llegando a obtener calificaciones sobresalientes— y desarrolló un interés profundo por comprender la política internacional, los conflictos y la historia tanto de su país como de Europa.
Su motivación era clara: entender el mundo para poder cambiarlo. En sus propias palabras, estudiar le permitía encontrar respuestas a las preguntas que habían marcado su vida desde niña.
Zahraa Jabbar: De estudiante a experta
Tras completar su formación, Zahraa Jabbar ha orientado su carrera hacia el análisis geopolítico, con especial atención a Oriente Medio. Se ha especializado en temas como el impacto de la guerra de Irak de 2003, el conflicto en Yemen o los derechos de las mujeres en contextos de guerra-
Actualmente trabaja como gestora de contenidos digitales en el Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), donde participa en la difusión de análisis y conocimiento sobre la región.
Este paso refleja una evolución clara: de ser objeto de estudio (refugiada) a convertirse en productora de conocimiento sobre su propia realidad.
Activismo, arte y derechos humanos de Zahraa Jabbar
Uno de los rasgos más interesantes de Zahraa es su enfoque multidisciplinar. No se limita al ámbito académico, sino que combina su trabajo con el activismo y el arte.
Ha participado como conferenciante en temas relacionados con refugiados y colabora con ONG, aportando su experiencia personal para sensibilizar sobre estas realidades.


Imágenes tomadas de la cuenta Instagram Zahraa Kareem Art
Además, utiliza la pintura como forma de expresión. Sus obras abordan temas como la guerra, el desplazamiento, los derechos humanos y la situación de las mujeres.
El arte, en su caso, no es solo una actividad creativa, sino una vía para canalizar el trauma y generar conciencia social.
La universidad como espacio de reconstrucción vital
El caso de Zahraa también ilustra una idea clave: la universidad no solo forma profesionales, sino que puede ayudar a reconstruir vidas.
Según su propio testimonio, acceder a la educación superior le permitió recuperar sus aspiraciones y redefinir su identidad tras años de desplazamiento.
Este fenómeno es común entre personas refugiadas que logran estudiar: la universidad se convierte en un espacio de integración, socialización y desarrollo personal.
Identidad, resiliencia y narrativa propia
La historia de Zahraa Jabbar rompe con el estereotipo de la persona refugiada como sujeto pasivo. Su trayectoria demuestra capacidad de adaptación, liderazgo, agencia personal y compromiso social.
A lo largo de su vida, ha transformado experiencias traumáticas en herramientas de análisis, expresión y acción. Esta capacidad de resignificar la adversidad es uno de los elementos centrales de su narrativa.
Zahraa Jabbar como referente para nuevas generaciones
Hoy, Zahraa representa a una nueva generación de jóvenes refugiados que no solo buscan integrarse, sino también influir en la sociedad de acogida.
Su perfil es especialmente relevante en tres ámbitos: Educación inclusiva, pues demuestra que el acceso a la universidad puede cambiar trayectorias vitales. Representación, ya que ofrece una voz propia dentro del debate sobre migración y refugio. Puente cultural, debido a que actúa como enlace entre Europa y Oriente Medio, aportando una visión informada y experiencial.
Una historia que redefine el concepto de refugio
La vida de Zahraa Jabbar es un ejemplo de cómo las políticas educativas, las oportunidades y la resiliencia personal pueden converger para generar impacto social.
Desde Bagdad hasta Madrid, pasando por Yemen, Grecia y los campos de refugiados, su recorrido refleja las complejidades del desplazamiento forzoso en el siglo XXI. Pero también demuestra algo esencial: que el talento y la determinación pueden abrir caminos incluso en los contextos más adversos.
Historias como la suya aportan una perspectiva distinta: la de las personas que no solo sobreviven, sino que contribuyen activamente a construir un futuro mejor.








