Patricia Esquivias: narración, historia y tejidos olvidados

Patricia Esquivias (Caracas, 1979) ha elaborado a lo largo de más de dos décadas una práctica artística singular. Se sitúa en el cruce entre la narración, la investigación histórica y la observación de lo cotidiano. No se limita a mostrar hechos, utiliza la creatividad como herramienta para cuestionar cómo se construyen los relatos culturales, sociales y políticos que nos rodean. Emplea medios diversos: vídeo, texto, voz en off, collage, dibujo o instalaciones. Esquivias trenza fragmentos de información aparentemente dispares para revelar las tensiones entre memoria oficial y memoria popular, entre historia reconocida y saberes subestimados.

En sus vídeos la artista narra con su propia voz historias que combinan documentos, anécdotas, símbolos arquitectónicos, fotografías personales y referencias populares. Genera formas narrativas que desdibujan los límites entre el documento y la ficción. Su interés por lo marginal, lo cotidiano y lo que ha sido excluido de los relatos hegemónicos hace de su obra una reflexión crítica sobre la historia y la memoria cultural.

“Al puro ver se ve”: un proyecto textil con historia

Una de las propuestas más fascinantes de Esquivias en 2025–2026 es la exposición Al puro ver se ve. Se presenta en el Museo Nacional de Artes Decorativas (Madrid) desde octubre de 2025 hasta enero de 2026. Esta muestra forma parte del ambicioso proyecto Memoria, tejidos, museos. Los barrios bajos de la atención. Se trata de una iniciativa del Ministerio de Cultura destinada a revisar las colecciones textiles de los museos estatales desde una perspectiva contemporánea.

En este contexto, Esquivias no solo expone obras, sino que despliega un ejercicio de investigación artística. Explora técnicas textiles, saberes tradicionales, historias de mujeres creadoras y la manera en la que los objetos aparentemente humildes pueden contener complejas tramas históricas y culturales.

Tejidos como territorios de memoria

La piedra angular de la exposición es la exploración de una técnica de bordado de hilos contados, reversible e idéntica por ambas caras. Su elaboración exige un cálculo matemático preciso —sin margen de error—. Este bordado es conocido como tarz el ghorza en Marruecos y como punto moruno en Caleruela (Toledo). 

A primera vista, podría parecer un detalle técnico. Sin embargo, para Esquivias ese bordado se transforma en un portal para entender cómo las prácticas artesanales son vehículos de intercambio cultural, construcción identitaria y emancipación social. La artista rastrea las rutas de este saber a través del tiempo y el espacio. Conecta Marruecos, Turquía y España, y revela cómo una misma técnica puede viajar, transformarse y reinterpretarse en diferentes contextos culturales.

Este enfoque no es casual. Para Esquivias, las técnicas textiles, a menudo relegadas a una categoría menor dentro de la historia del arte, contienen historias de personas, migraciones, encuentros y tensiones coloniales y poscoloniales. Al centrarse en el bordado reversible, la exposición pone en evidencia cómo lo que ha sido históricamente considerado “artesanía” está en realidad íntimamente ligado a procesos culturales de largo alcance.

Estructura y narrativa de la exposición de Patricia Esquivias

La exposición se organiza en varias secciones que siguen un recorrido narrativo y visual cuidadosamente construido. La primera parte, Lo izieron en Fez, reúne bordados originarios de esa ciudad norteafricana. Forman parte de los fondos del Museo Nacional de Artes Decorativas. A través de estos objetos y de textos que explican su adquisición y catalogación, Esquivias invita a reflexionar sobre cómo ingresan las piezas a los museos y qué historias quedan silenciadas en ese proceso.

La segunda sección, Lo izieron en Caleruela, se adentra en la tradición del punto moruno en esta localidad toledana. Aquí, la artista presenta no solo los bordados locales. También las voces y trayectorias de las primeras creadoras que dominaron esta técnica. Las ubica en diálogo con agentes culturales como antropólogos, educadores o miembros de la Generación del 27 que, en los años treinta, contribuyeron a poner estos saberes en un contexto más amplio.

La muestra concluye con Lo izieron, un espacio que combina un bordado con una obra en vídeo de Esquivias misma. Esta sección hace una reivindicación explícita de la autoría femenina en la producción de objetos textiles. Así desafía las jerarquías tradicionales que han colocado tales prácticas fuera del foco del arte contemporáneo.

Memoria, tejidos, museos: una mirada crítica

El proyecto más amplio en el que se inscribe Al puro ver se ve —Memoria, tejidos, museos. Los barrios bajos de la atención— tiene un propósito claro. Pone en valor prácticas textiles y saberes asociados que han sido históricamente marginados en la narrativa museística tradicional. Textiles, bordados, costuras, tejidos y otros artefactos materiales que han sido relegados a categorías de “artes decorativas” o “cultura material funcional”. Separados de las narrativas hegemónicas del arte, la historia y la cultura.

Fotograma del vídeo “Al puro ver se ve” (Tomado de la página del Ministerio de Cultura)

Este proyecto propone releer las colecciones textiles desde una óptica contemporánea y crítica. Invita a artistas como Narelle Jubelin, Las Hijas de Felipe, Eva Lootz, Teresa Lanceta y, por supuesto, Patricia Esquivias para intervenir en diferentes museos estatales. Cada artista ofrece su propia mirada sobre los tejidos, ya sea por su materialidad, su simbología, su dimensión antropológica o como medio creativo en sí mismo.

Así, la iniciativa no solo amplía la percepción pública sobre lo textil y lo artesanal, sino que también cuestiona cómo los museos han organizado históricamente sus colecciones, qué se ha considerado digno de atención artística y qué ha quedado excluido de la historia cultural oficial. 

El arte de Patricia Esquivias como intervención crítica

Lo que hace especialmente potente a la propuesta de Esquivias es su capacidad para combinar investigación rigurosa, sensibilidad estética y una postura crítica clara ante las estructuras de poder que han definido qué historias se cuentan y cuáles se ignoran. En Al puro ver se ve, los bordados no son solo objetos; son narrativas encapsuladas en hilos, testimonios de intercambios culturales y de dinámicas de género, identidad y memoria. 

La artista recupera historias que a menudo se pasan por alto, devolviendo agencia a las creadoras de saberes tradicionales y proponiendo una lectura del patrimonio que no está centrada únicamente en los grandes relatos canónicos sino en las prácticas marginales que constituyen los cimientos de muchas culturas.

Entre la memoria y la creación

La obra de Patricia Esquivias, y en particular Al puro ver se ve, representa una invitación a reconcebir nuestra relación con la historia, los objetos y quienes los hicieron. A través de estéticas aparentemente humildes —bordados, técnicas artesanales, narrativas fragmentarias—, la artista nos recuerda que la memoria no es un relato lineal ni una verdad única, sino una trama compleja de voces, silencios y saberes interconectados.

Imagen tomada de la página de la EINA

Este proyecto demuestra que los tejidos pueden ser mucho más que materiales en un museo. Son mapas de encuentros culturales, testimonios de prácticas olvidadas y herramientas para repensar lo que consideramos valioso dentro de la historia y el arte. Con su mirada aguda y su sensibilidad poética, Esquivias no solo cuestiona lo ya establecido, sino que nos invita a mirar de nuevo, a observar de cerca lo que al puro ver se ve —y, muchas veces, se pasa por alto.

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