En las calles de Jordania, los muros pueden ser espacios para recordar, denunciar, imaginar y construir identidad. Para la artista palestina Laila Ajjawi, el graffiti es precisamente eso: una herramienta para transformar el espacio público y hacer visibles historias que con frecuencia quedan fuera de los discursos oficiales.
Ajjawi es una artista urbana, muralista y artista digital de ascendencia palestina que nació en 1990 y creció en un campo de refugiados palestinos situado en las proximidades de Irbid, en el norte de Jordania. Su experiencia personal como mujer palestina criada en un contexto de desplazamiento ha tenido una influencia profunda en su obra. Sus murales abordan cuestiones como los derechos de las mujeres, la discriminación, la situación de los refugiados y la identidad palestina.
Laila Ajjawi: Crecer entre muros
La historia de Ajjawi está estrechamente relacionada con el lugar donde creció. Su familia tiene raíces palestinas vinculadas a la zona de Yenín y sus abuelos se establecieron en Jordania después de 1948. El campo de refugiados fue, por tanto, no solamente su lugar de residencia, sino también el escenario en el que comenzó a desarrollar su relación con el arte urbano.

Imagen tomada de la publicación Mythogynist
Según la propia artista, las paredes del campo fueron su primer espacio de creación. Allí descubrió que una imagen podía provocar conversaciones entre las personas que la observaban. En un entorno en el que el graffiti estaba habitualmente relacionado con la causa palestina y con mensajes políticos, Ajjawi comenzó a explorar otra forma de utilizar los muros: convertirlos en espacios para hablar también de las mujeres y de problemas sociales.
Su interés por el arte comenzó incluso antes de dedicarse al graffiti. A los 17 años recibió el encargo de pintar un mural para una guardería, una experiencia que contribuyó a acercarla al arte de gran formato. Posteriormente estudió física biomédica en la Universidad de Yarmouk, mientras desarrollaba progresivamente su actividad artística y su trabajo en el ámbito humanitario.
Del arte tradicional al spray
El paso de la pintura al graffiti supuso para Ajjawi un cambio importante. Ella misma ha contado que inicialmente pensaba que manejar un aerosol era algo propio de los hombres. La escena del graffiti y del arte urbano estaba muy masculinizada, por lo que ocupar ese espacio como mujer constituía también una forma de romper con determinadas expectativas sociales.
Su trayectoria tomó un impulso especial en 2014, cuando participó en un taller organizado por Women on Walls, un proyecto artístico centrado en aumentar la presencia y visibilidad de las mujeres en el espacio público mediante el arte urbano. En ese contexto realizó una de sus obras más conocidas, Look At My Mind.

magen tomada de la publicación Mythogynist
La obra planteaba una cuestión sencilla pero profunda: ¿por qué la sociedad presta tanta atención a la apariencia de las mujeres y mucho menos a sus pensamientos, capacidades e ideas? El mural representaba así una crítica a la objetificación femenina y defendía la importancia de reconocer a las mujeres como personas con voz propia.
Laila Ajjawi: Pintar a las mujeres
Las mujeres ocupan un lugar central en la producción artística de Ajjawi. Sus figuras femeninas no aparecen únicamente como protagonistas estéticas, sino como símbolos de fuerza, resistencia, autonomía y transformación.
La artista ha explicado que utiliza frecuentemente mujeres en sus murales porque se identifica con ellas. Sus personajes femeninos pueden representar a mujeres de distintas procedencias, pero especialmente a aquellas que viven situaciones de discriminación o que tienen dificultades para acceder a determinados espacios sociales.

Imagen tomada de la cuenta Instagram de la artista
Esta elección también tiene una dimensión simbólica. Colocar figuras femeninas de gran tamaño en los muros significa hacer visible a la mujer. El muro se convierte así en un lugar de reivindicación.
Entre los temas que aparecen en su trabajo se encuentran la violencia de género, la educación de las niñas, el matrimonio infantil, la participación de las mujeres en el mercado laboral y las dificultades que experimentan las comunidades refugiadas.
Palestina y la identidad
La identidad palestina constituye otra parte fundamental de su obra. Ajjawi creció en un campo de refugiados y ha utilizado el arte para mantener presente la memoria de Palestina entre las nuevas generaciones.

Fotografia de Scott Lashinsky, imagen tomada de la publicación AZEEMA
En una entrevista con The Jordan Times, la artista explicó que quería que los jóvenes del campo recordaran sus raíces y comprendieran la importancia de su historia. Para ella, las nuevas generaciones podían actuar como vínculo entre quienes vivieron directamente el desplazamiento y quienes nacieron posteriormente.
Pero su trabajo se relaciona además con otras comunidades desplazadas. Su experiencia profesional en el ámbito humanitario, incluido su trabajo con refugiados sirios, amplió su perspectiva sobre la vida en los campos y sobre las dificultades sociales que afrontan las personas desplazadas.
El muro como espacio de diálogo según Laila Ajjawi
Una de las características más interesantes del trabajo de Ajjawi es su intención de establecer una conversación con quienes pasan delante de sus obras.
Para ella, el graffiti no consiste simplemente en decorar una pared. La imagen debe transmitir una idea y provocar una reacción.
Esta concepción convierte al público en una parte importante de la obra. Un mural no se encuentra encerrado dentro de una galería: está en la calle, junto a las personas que viven, trabajan y caminan por ese lugar.
Por eso, el contexto es esencial. Un mismo color, una misma figura o una misma frase pueden adquirir significados diferentes dependiendo del espacio en el que aparecen. Ajjawi ha explicado que presta especial atención a los colores y a la manera en que estos pueden ser percibidos por las comunidades donde pinta.
Una artista que transforma el espacio público
La importancia de Laila Ajjawi destaca también porque conecta varias realidades: el arte urbano, la experiencia palestina, la vida en los campos de refugiados y las reivindicaciones relacionadas con los derechos de las mujeres.
Sus murales demuestran que el graffiti puede ser una forma de comunicación social. Una pared puede convertirse en un lugar donde una comunidad se reconoce, donde una mujer encuentra representación o donde una persona se enfrenta por primera vez a una cuestión que normalmente permanece invisible.
Ajjawi ha conseguido llevar estas ideas más allá de su comunidad. Su obra ha recibido atención internacional y ha participado en iniciativas relacionadas con el empoderamiento femenino y el arte urbano. También ha realizado trabajos vinculados a proyectos de organizaciones que utilizan el arte como herramienta de transformación social.
Laila Ajjawi representa una generación de artistas que entiende el graffiti como algo mucho más amplio que una expresión estética. Sus muros hablan de mujeres, refugiados, memoria, identidad y esperanza.
Su trayectoria demuestra que el arte urbano puede ser en una plataforma para dialogar con miles de personas. Desde los muros del campo de refugiados donde creció hasta otros espacios de Jordania, Ajjawi ha utilizado el spray y el muralismo para transformar superficies cotidianas en espacios de expresión.
Imagen principal tomada de la publicación Non Profit








