Emel Mathlouthi, nacida el 11 de enero de 1982 en Túnez, es una cantante, compositora, productora y multiinstrumentista que ha sabido forjar un legado artístico comprometido. Criada entre sonidos diversos —desde el jazz y blues que escuchaba su padre, hasta bandas de rock y metal—, Emel desarrolló una voz única impulsada por la resistencia y la autenticidad.
En su adolescencia descubrió una pasión intensa por géneros como el metal gótico, llegando a formar su primera banda universitaria con esa sonoridad potente. Esta mezcla arriesgada —entre lo clásico, lo político y lo experimental— definiría su identidad artística.
“Kelmti Horra”: el canto de la revolución
En enero de 2011, en plena Revolución Tunecina, Emel improvisó una actuación en la emblemática Avenida Habib Bourguiba entonando «Kelmti Horra» (“Mi palabra es libre”). El video se viralizó, convirtiéndose en un himno no solo para Túnez, sino para la Primavera Árabe en toda la región.
Este tema fue el eje de su álbum debut homónimo, publicado en 2012, que fusionaba ritmos árabes orientales con bases de trip-hop e influencia electrónica. El álbum recibió elogios internacionales, y la presencia de Emel se consolidó como símbolo de libertad y dignidad.
La trayectoria artística global y multifacética de Emel Mathlouthi
Después de nacionalizarse como artista de protesta, Emel instaló su residencia en Francia durante varios años, y posteriormente en Nueva York. Su segundo álbum, Ensen (2017), fue grabado en diversos países —Islandia, Suecia, Francia y EE. UU.— y contó con la producción de Valgeir Sigurðsson. En él entrelaza sonidos tradicionales como el bendir y el oud con ritmos electrónicos, creando un contraste poderoso y muy personal.
En 2019 presentó Everywhere We Looked Was Burning, una oda al caos y la belleza de los tiempos contemporáneos, con tintes trip-hop y pop experimental.
Durante el confinamiento de 2020, volvió a Túnez para grabar el íntimo doble álbum The Tunis Diaries, solo con voz, guitarra acústica y portátil. Dividido en partes “Day” y “Night”, incluye su original “Holm” y covers de iconos como David Bowie, Leonard Cohen, Nirvana y otros.
Su trabajo más reciente, MRA (2024), es un manifiesto de empoderamiento femenino. Fue concebido y producido con un equipo exclusivamente femenino —desde ingenieras de sonido hasta música y dirección artística—, bajo el lema jocoso de las “United Colours of Emel”.
Estilo musical y compromisos éticos
El estilo de Emel es inclasificable, una música fronteriza entre world music, electro, avant-garde y más. Ella misma se resiste a las etiquetas: no quiere “responder a una imagen exótica”, sino expresar su verdad con libertad.
Su arte es profundamente político, aunque no se defina como artista protest. Busca emocionar y estimular el pensamiento, empujando el arte hacia una dimensión consciente y transformadora . Su apoyo a Palestina es un ejemplo: ha cantado en solidaridad y enfrentado críticas por sus actuaciones, pero insiste en que acercarse a Palestina da esperanza y no debe silenciarse
En 2014 apareció en el documental No Land’s Song donde fue la primera mujer en cantar en solitario en Irán desde 1979, un hito para la restauración de la voz femenina en contextos represivos.
Emel Mathlouthi: Reconocimientos y presencia internacional
- Protagonista del 2015 en la ceremonia del Premio Nobel de la Paz, con un acto que simbolizaba la unión cultural y el triunfo de la creatividad sobre la represión.
- Ha sido apodada “la Fairuz de su generación”, un honor que ella recibe con humildad.
- Ha colaborado con figuras como Tricky, Vitalic, Valgeir Sigurðsson o Steve Moore, ampliando su lenguaje artístico.
- Su gira 2025 la lleva de vuelta a Túnez en el Festival de Dougga, siendo su primer concierto en casa en casi cuatro años .
Emel Mathlouthi nos recuerda que la música puede ser un vehículo para la memoria colectiva, la resistencia y el cambio. Desde aquella voz libre en la calle hasta producciones globales y feministas, su trayectoria resuena como la de una artista comprometida, audaz y profundamente humana.
Su capacidad para combinar lo tradicional con lo innovador, lo local con lo mundial, y lo íntimo con lo revolucionario, la convierte en una figura esencial para comprender la música del siglo XXI.
Imagen de portada del diario digital okayafrica








