Existen voces capaces de tender puentes entre culturas, experiencias y formas de entender el mundo. Una de ellas es Nadia AlHariri Costa, actriz comprometida con la representación de realidades complejas y con la visibilización de historias que a menudo quedan fuera de los grandes circuitos mediáticos.

Cuando habla de cine, Nadia no lo hace únicamente desde la perspectiva de quien trabaja delante de una cámara. Su mirada revela también una profunda sensibilidad hacia las narrativas que exploran la identidad, el desplazamiento, la pertenencia y la experiencia femenina. Estos temas aparecen reflejados en las tres películas dirigidas por mujeres que considera especialmente significativas en su trayectoria personal.
Como ella misma explica: “Soy Nadia AlHariri Costa y soy actriz”.
A partir de esa sencilla presentación, emerge una reflexión mucho más amplia sobre el poder transformador del cine y sobre la importancia de las historias contadas desde perspectivas diversas.
Cafarnaúm: la infancia frente a la injusticia
La primera película que Nadia destaca es Cafarnaúm, la aclamada obra de la directora libanesa Nadine Labaki. Para la actriz, se trata de una película profundamente impactante por la manera en que retrata la realidad de miles de niños que viven situaciones extremas.
Según sus propias palabras:
“Una es Cafarnaúm, narra la historia de un niño sirio refugiado que vive en los suburbios de Libano. Trata la realidad de muchos niños que salen de la guerra, la pobreza, el dolor”.

La fuerza de esta película reside precisamente en su capacidad para humanizar estadísticas que, con frecuencia, aparecen desprovistas de rostro. A través de la historia de un niño que lucha por sobrevivir en condiciones extremadamente difíciles, la película obliga al espectador a enfrentarse a cuestiones relacionadas con la migración, la desigualdad y los derechos de la infancia.
La elección de Cafarnaúm no resulta casual. La propia trayectoria de Nadia refleja una sensibilidad especial hacia los relatos que conectan diferentes culturas y que muestran las consecuencias humanas de los conflictos. El filme de Labaki se convierte así en una ventana hacia realidades que muchas veces permanecen invisibles para gran parte del público occidental.
Un diván en Túnez y la búsqueda de pertenencia
La segunda película elegida por Nadia es Un diván en Túnez, dirigida por Manele Labidi. Se trata de una obra que aborda cuestiones relacionadas con la identidad, el regreso al lugar de origen y la sensación de vivir entre dos mundos.
Nadia resume la historia de la siguiente manera:
“Continuo con Un diván en Túnez. Es de una mujer que sale de Túnez para estudiar y decide montar allí su propia consulta de psicología”.
Sin embargo, lo que más le interesa del largometraje no es únicamente su argumento, sino la reflexión que plantea sobre el sentimiento de pertenencia.

Como explica:
“Y esta película, para mí, trata precisamente sobre los conflictos internos de ser de aquí y de allí y volver, quedarte, estar a medio camino”.
Estas palabras resumen una experiencia compartida por millones de personas que viven entre diferentes culturas, países o tradiciones familiares. En un mundo marcado por la movilidad y la migración, muchas personas experimentan la sensación de no pertenecer completamente a un único lugar.
La película aborda esta realidad con sensibilidad y humor, mostrando cómo la protagonista intenta encontrar su espacio mientras lidia con las expectativas sociales, familiares y personales.
La conexión de Nadia con esta temática resulta especialmente significativa porque pone de relieve la importancia de contar historias que reflejen identidades híbridas y experiencias multiculturales. En una época en la que los discursos sobre la diversidad ocupan cada vez más espacio en la conversación pública, obras como Un diván en Túnez ayudan a comprender mejor la riqueza y la complejidad de esas vivencias.
Caramel: la fuerza de las mujeres y la sororidad
La tercera recomendación de Nadia es Caramel, otra película dirigida por Nadine Labaki que se ha convertido en un referente del cine árabe contemporáneo.
La actriz explica:
“Me gustaría hablar de Caramel. Es antigua, pero creo que es maravillosa”.

Lejos de considerar la antigüedad de la obra como una limitación, Nadia destaca precisamente su capacidad para seguir conectando con el público años después de su estreno.
En sus palabras:
“Te hace meterte en la cultura, en la realidad de varias mujeres que se reúnen en un salón de belleza. Y la sororidad”.
Esta descripción resume uno de los grandes logros de la película: construir un retrato íntimo y humano de varias mujeres cuyas vidas se entrecruzan en un espacio cotidiano. El salón de belleza funciona como un microcosmos donde aparecen reflejadas preocupaciones universales como el amor, la amistad, las expectativas sociales, la libertad personal y el paso del tiempo.
Además, la película ofrece una mirada alejada de estereotipos simplistas sobre las mujeres árabes. En lugar de presentar una visión homogénea, muestra personajes complejos, diversos y profundamente humanos.
La referencia a la sororidad resulta especialmente relevante. La solidaridad entre mujeres constituye uno de los ejes centrales de la historia y permite explorar cómo los vínculos de apoyo pueden convertirse en herramientas de resistencia y crecimiento personal.
La importancia de mirar hacia el cine árabe
Las tres películas elegidas por Nadia AlHariri comparten varios elementos fundamentales. Todas están dirigidas por mujeres. Todas exploran cuestiones relacionadas con la identidad, la experiencia humana y la transformación social. Y todas ofrecen perspectivas que enriquecen la mirada del espectador sobre el mundo contemporáneo.
Más allá de las recomendaciones concretas, el mensaje principal de Nadia es una invitación a ampliar horizontes y descubrir cinematografías que a menudo reciben menos atención en los grandes mercados internacionales.
Como ella misma señala:
“Hay muchas más películas, más actuales, así que no dejeis de ver cine árabe y de disfrutar de ello”.
Esta invitación cobra especial importancia en un momento en el que las plataformas de streaming y los festivales internacionales facilitan el acceso a producciones procedentes de diferentes países y contextos culturales.
El cine árabe contemporáneo vive una etapa de gran creatividad y reconocimiento internacional. Directoras y directores de distintos países están construyendo relatos innovadores que dialogan con temas universales sin renunciar a sus particularidades culturales.
Nadia AlHariri: Una apuesta por la diversidad cultural
Las recomendaciones de Nadia AlHariri revelan una mirada artística comprometida con la diversidad, la empatía y la representación de realidades complejas. A través de películas como Cafarnaúm, Un diván en Túnez y Caramel, la actriz nos recuerda que el cine puede convertirse en una herramienta poderosa para comprender otras experiencias humanas y cuestionar nuestras propias perspectivas.
Su selección también pone en valor el trabajo de las directoras árabes, cuya contribución al panorama cinematográfico internacional resulta cada vez más relevante. Son creadoras que exploran cuestiones sociales, culturales y emocionales con una sensibilidad única, aportando nuevas formas de narrar y entender el mundo.
Al final, la propuesta de Nadia es sencilla pero profundamente significativa: acercarnos a historias diferentes, escuchar otras voces y descubrir cómo el arte puede conectar realidades aparentemente distantes. Porque, como demuestran las películas que recomienda, el cine tiene la capacidad de derribar fronteras y recordarnos aquello que compartimos como seres humanos.
¿Y, tú? ¿Qué películas recomiendas? Déjanoslo en comentarios.








