La pasión como forma de libertad: crear, moverse, viajar y compartir

Hace unos días lanzamos una pregunta sencilla a nuestras lectoras: ¿Cuál es vuestra pasión? No buscábamos grandes discursos ni respuestas elaboradas. Solo queríamos saber qué cosas ocupan ese espacio íntimo donde una persona se siente viva, curiosa y libre.

Las respuestas llegaron rápido y, aunque hablaban de actividades distintas —deporte, costura, viajar o cocinar—, todas tenían algo en común: no hablaban solo de lo que hacen, sino de lo que crean cuando lo hacen.

Una lectora nos contaba que le encanta entrenar y ver cómo poco a poco aguanta más y levanta más peso. Otra había descubierto recientemente la costura y estaba fascinada con la idea de hacerse sus propias prendas. También hubo quien hablaba de viajar y de cómo cada país le deja el corazón lleno de historias. Y otra confesaba que su mayor placer es cocinar recetas diferentes para reunir a amigos y familia alrededor de la mesa.

A primera vista podrían parecer actividades cotidianas. Pero en realidad son formas de crear, explorar y expresarse.

Además, son actividades que no tienen género. Durante mucho tiempo se han etiquetado como “cosas de mujeres” o “cosas de casa”, especialmente la cocina o la costura. Sin embargo, reducirlas a eso invisibiliza algo mucho más importante: en todas ellas hay creatividad, pensamiento, técnica y una forma de mirar el mundo, y son actividades que en el mundo realizan todos los géneros dentro y fuera de casa.

El deporte como exploración del cuerpo

El deporte es una de las formas más claras de creación personal. No se trata solo de hacer ejercicio, sino de descubrir hasta dónde puede llegar el propio cuerpo.

Cada entrenamiento es una conversación entre disciplina, paciencia y curiosidad. Se trata de observar cómo cambia la fuerza, la resistencia o la coordinación con el tiempo. Es un proceso lento, pero profundamente transformador.

Muchas deportistas árabes han demostrado que el deporte también puede ser una forma de romper límites culturales y abrir nuevas posibilidades. Un ejemplo muy conocido es Nawal El Moutawakel, de origen marroquí. Se convirtió en la primera mujer africana y árabe en ganar una medalla de oro olímpica en 1984 en los 400 metros vallas. Su victoria no fue solo un logro deportivo, sino también un símbolo de cambio.

Nawal El Moutawakel, imagen tomada de la página de la Cadena Ser

Otra figura inspiradora es la tunecina Raja Toumi, jugadora de balonmano, cuyo recorrido muestra cómo la disciplina y la constancia pueden convertir una pasión en una carrera de excelencia.

Raja Toumi, imagen tomada de la publicación Alchetron

Historias como las suyas recuerdan algo importante: el cuerpo también es un espacio creativo. Entrenar es moldearlo, comprenderlo y descubrir nuevas posibilidades.

La costura como diseño y arte como pasión

Otra de las respuestas que recibí hablaba de costura: “Siempre había querido hacerme mis propias prendas y he descubierto que me encanta”.

Durante mucho tiempo la costura se ha asociado exclusivamente al ámbito doméstico. Sin embargo, la moda es una de las industrias creativas más influyentes del mundo, y coser es el primer paso para entender cómo se construye una prenda.

Diseñar ropa implica imaginar formas, pensar en tejidos, estudiar cómo cae una tela sobre el cuerpo y cómo una prenda puede transmitir identidad o cultura.

Muchas diseñadoras árabes han llevado esa creatividad a las pasarelas internacionales. Una de ellas es Reem Acra, de origen libanés. Es famosa por sus vestidos de alta costura y de novia, en los que mezcla bordados tradicionales de Oriente Medio con diseños contemporáneos.

Reem Acra, imagen tomada de la publicación you and me bridal

Otra figura muy influyente es DimaAyad, que ha defendido una moda inclusiva y diversa, ampliando los estándares de belleza y representación en la industria.

pasión

Dima Ayad, imagen tomada de la página gulfnews

Estas creadoras muestran que la costura va mucho más allá de una tarea doméstica: es diseño, técnica, cultura y expresión artística. Y cuando alguien aprende a coser para sí misma, también está participando de ese mismo proceso creativo.

Viajar es una pasión y una forma de mirar el mundo

Entre las respuestas también apareció una pasión muy repetida: viajar.

“Siempre me ha gustado mucho viajar y conocer países y culturas. Me voy con el corazón lleno de cada lugar”, decía una de las lectoras. Y en esa frase hay algo muy poderoso: viajar no consiste solo en desplazarse, sino en aprender a mirar el mundo desde otros lugares.

A lo largo de la historia, muchas mujeres árabes han viajado, observado y contado lo que veían, dejando testimonios que hoy nos permiten entender otras culturas y otras épocas. Una figura fascinante es , también conocida como Emily Ruete. En el siglo XIX dejó su hogar en Zanzíbar y vivió entre África, Oriente Medio y Europa. Sus memorias, Memoirs of an Arabian Princess from Zanzibar, son uno de los primeros relatos escritos por una mujer árabe sobre la experiencia de vivir entre diferentes mundos y culturas.

Imagen tomada de la publicación BLACK CENTRAL EUROPE

En tiempos más recientes, otras mujeres han continuado esa tradición de viajar y narrar. La escritora y periodista libanesa Joumana Haddad ha recorrido numerosos países participando en encuentros culturales y literarios, utilizando sus viajes como una forma de diálogo entre culturas. Sus textos y conferencias muestran cómo desplazarse también puede ser una manera de cuestionar ideas, abrir conversaciones y conectar realidades distintas.

pasión

Joumana Haddad, imagen tomada de la Revista Casa Mediterráneo © María Gilabert 

También existen creadoras contemporáneas que convierten el viaje en una forma de expresión artística. La fotógrafa jordana Dalia Naber, por ejemplo, documenta paisajes, ciudades y experiencias culturales a través de la imagen, mostrando cómo explorar el mundo también puede convertirse en una forma de contar historias.

Dalia Naber, imagen tomada de la publicación Taste of Jordan

Todas estas mujeres recuerdan algo esencial: viajar no es solo moverse de un lugar a otro. Es observar, aprender y volver con una mirada distinta. Cada paisaje, cada conversación y cada cultura descubierta amplían nuestra forma de entender el mundo y también de entendernos a nosotras mismas. 

Cocinar como lenguaje cultural y pasión

La cocina fue otra de las pasiones más mencionadas en las respuestas.

Una lectora decía que su mayor placer es preparar recetas distintas y reunir a amigos y familia para probarlas. Esa frase resume algo muy importante: la comida no es solo alimento, es cultura y conexión.

Cocinar implica creatividad, experimentación y memoria. Cada receta tiene una historia detrás: ingredientes que viajan entre continentes, técnicas que pasan de generación en generación y sabores que evocan lugares.

El mundo árabe cuenta con cocineras que han llevado esta tradición a la escena internacional. Una de ellas es Anissa Helou, autora de numerosos libros sobre gastronomía de Oriente Medio y defensora de la cocina como patrimonio cultural.

También destaca Manal Al Alem, una de las chefs jordanas más influyentes del mundo árabe, conocida por sus programas de televisión y sus recetas que reinterpretan platos tradicionales.

pasión

Manal Alem, imagen tomada de la publicación MAGNITT

Cuando alguien cocina para otras personas, está haciendo algo más que preparar comida. Está creando un espacio de encuentro, una experiencia compartida.

Actividades cotidianas, miradas extraordinarias

Las respuestas a la pregunta “¿qué te apasiona?” nos recuerdan que la creatividad no vive solo en los museos o en los grandes escenarios.

También aparece en el gimnasio cuando alguien descubre que puede levantar un poco más de peso. En una máquina de coser cuando una tela se transforma en una prenda única. En un viaje que abre nuevas preguntas sobre el mundo. O en una cocina donde una receta se convierte en un momento compartido.

Estas actividades no tienen género. No pertenecen a una categoría fija ni a un rol determinado. Son, simplemente, formas de expresión humana.

Durante mucho tiempo se ha restado valor a muchas de ellas, especialmente cuando estaban vinculadas a las mujeres o al ámbito doméstico.

El deporte moldea el cuerpo como una escultura viva. La costura diseña identidades a través de la ropa. Viajar amplía las fronteras de la imaginación. Cocinar transforma ingredientes en experiencias sensoriales.

Escuchar lo que nos mueve también es pasión

Quizá lo más importante de todas las respuestas recibidas es que hablan de algo muy simple y a la vez muy profundo: escuchar lo que nos mueve por dentro.

La pasión no siempre aparece en forma de grandes proyectos o carreras profesionales. A veces surge en pequeños gestos repetidos: entrenar, coser, viajar, cocinar.

Pero cuando alguien dedica tiempo a lo que realmente le interesa, ocurre algo importante. Aparece la curiosidad. Aparece la creatividad. Y aparece una sensación muy poderosa: la de estar viviendo de acuerdo con una misma.

Esas pequeñas pasiones son también una forma de libertad.

Porque cada vez que alguien crea algo —una receta, una prenda, un viaje, una nueva versión de sí misma— está proponiendo una forma distinta de mirar el mundo.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR...