Al’Akhawat: imaginar los lugares que no aparecen en el mapa

Hay lugares que aparecen perfectamente señalados en los mapas y otros que, pese a ser recorridos, habitados y recordados, parecen no existir. Entre unos y otros se mueve el trabajo de Al’Akhawat, un colectivo formado por cinco artistas vinculados a la diáspora norteafricana en el España: Sanae El Mokaddim Ayadi, Youssef Taki Miloudi, Karim Khourrou Gadour, Oumaima Manchit Laroussi y Aicha Josefa Trinidad Gououi. Sus prácticas parten de experiencias relacionadas con la migración, la memoria, la pertenencia y las formas de construir comunidad, pero rehúyen convertirlas en un relato cerrado o exclusivamente autobiográfico.

El propio nombre del colectivo —Al’Akhawat, «las hermanas» en árabe— apunta hacia una manera de trabajar basada en el vínculo. Frente a la figura del artista individual, el grupo explora formas de creación compartida en las que las experiencias personales pueden transformarse en memoria colectiva. Palabras, fotografías, vídeos, instalaciones, objetos cotidianos, publicaciones y acciones participativas forman parte de un lenguaje que no busca únicamente representar una experiencia migratoria, sino generar espacios donde esa experiencia pueda ser contada, escuchada y compartida.

Al’Akhawat: imaginar los lugares que no aparecen en el mapa

Imagen del colectivo tomada de la página de Jiser

Uno de los elementos que atraviesa sus primeros proyectos es el locutorio. Este espacio cotidiano, ligado a la comunicación a distancia, adquiere en su trabajo una dimensión cultural y afectiva. Es un lugar desde el que se llama a quienes están lejos, pero también un espacio de encuentro, de intercambio de información y de construcción de comunidad. Para Al’Akhawat, llevar este tipo de lugares al ámbito artístico supone también desplazar las fronteras habituales de la institución cultural: acercar el arte a espacios reconocibles para públicos que no siempre se sienten interpelados por el museo o la sala de exposiciones.

Alló? Labas?: hablar desde la distancia

En 2024, Alló? Labas? —«¿Hola? ¿Estás bien?»— se presentó en el marco de Nadie Nunca Nada No, en colaboración con el Instituto Cervantes y el Goethe-Institut de Madrid. El proyecto forma parte de esa investigación del colectivo en torno al locutorio y a la comunicación entre territorios.

La pregunta contenida en el título resume buena parte de las tensiones que atraviesan su trabajo. Una llamada aparentemente sencilla puede contener la distancia, la preocupación, la nostalgia, la rutina y el deseo de mantener una relación cuando los cuerpos se encuentran separados por fronteras. En ese sentido, el teléfono deja de ser únicamente un dispositivo técnico para convertirse en un objeto cargado de memoria.

El interés de Al’Akhawat no está solamente en lo que se dice al otro lado de la línea, sino en todo aquello que hace posible la comunicación: los objetos, los gestos, los lugares y las personas que sostienen esas relaciones. El locutorio se convierte así en un escenario desde el que pensar las formas contemporáneas de pertenencia. No se trata necesariamente de elegir entre un lugar y otro, sino de reconocer una identidad construida precisamente en el desplazamiento entre ambos.

+212: un prefijo como territorio

Esta investigación continuó ese mismo año con +212, presentada en la Bienal Contemporánea TEA 2024 La proclama herética, en Tenerife Espacio de las Artes. La obra fue concebida como una instalación audiovisual que incorporaba teléfonos de locutorio intervenidos. El título remite al prefijo internacional de Marruecos: tres números que, en apariencia, sirven simplemente para establecer una llamada, pero que aquí funcionan como una especie de coordenada afectiva.

En +212, el teléfono se convierte en una pieza escultórica y al mismo tiempo en una puerta hacia otras historias. La instalación reúne elementos visuales, textuales y sonoros para construir un retrato de memorias compartidas. Según la documentación de la Bienal, el colectivo trabaja a partir de experiencias subjetivas que, al ponerse en común, producen formas de reconocimiento colectivo.

La elección del locutorio resulta especialmente significativa porque se trata de un espacio que suele permanecer fuera de las representaciones oficiales de la ciudad. No es un monumento ni un edificio institucional. Es un lugar funcional, cotidiano y aparentemente secundario. Sin embargo, para muchas comunidades migrantes ha constituido una infraestructura fundamental para mantener vínculos familiares y sociales a través de las fronteras.

Al llevar esos objetos y esas memorias al museo, Al’Akhawat no solo introduce una experiencia migrante en el espacio expositivo. También transforma la manera de entender qué puede ser una obra de arte y quiénes pueden reconocerse en ella. La institución deja de ser únicamente el lugar desde el que se observa una obra y se convierte en un espacio al que llegan voces, objetos y recuerdos procedentes de otros contextos.

Imagen tomada de la página de Exibart

Del locutorio al territorio

Con Y el oeste no existía, una de sus propuestas más recientes, Al’Akhawat amplía esta investigación desde la comunicación y la memoria hacia la relación entre territorio, desplazamiento y pertenencia. Presentado en 2026 en la Universidad Autónoma de Madrid y posteriormente en Tangent Projects, el proyecto plantea un viaje imaginario por lugares reales que, sin embargo, aparecen como difíciles de identificar o incluso de nombrar.

La pregunta que articula el proyecto es aparentemente sencilla: ¿cómo reconocer la pertenencia a un lugar que queda fuera de las instituciones encargadas de nombrar y organizar el mundo? A partir de ahí, el colectivo se interesa por esos espacios intermedios que existen entre un territorio y otro: los trayectos, las fronteras, las esperas, los desplazamientos y las memorias que no siempre quedan registradas.

Al’Akhawat: imaginar los lugares que no aparecen en el mapa

Imagen tomada de la página de la Universidad Autónoma de Madrid

La exposición se construye mediante una combinación de fotografías, mapas, postales, textos, dibujos y bordados. Uno de sus elementos principales es una gran tela que atraviesa el espacio y genera un itinerario tridimensional. Intervenida con diferentes materiales, funciona como una especie de paisaje que no representa un territorio concreto, sino una experiencia del territorio.

El gesto es importante: si un mapa pretende fijar y ordenar el espacio, la tela de Al’Akhawat lo vuelve móvil, corporal y transitable. El visitante no contempla simplemente una representación desde fuera, sino que debe relacionarse físicamente con un recorrido.

También aparecen documentos, trámites y objetos asociados a los desplazamientos. Son materiales aparentemente burocráticos, pero en el contexto de la obra adquieren otra dimensión: evidencian que moverse de un lugar a otro implica atravesar sistemas de identificación, fronteras administrativas y categorías que no siempre coinciden con la complejidad de las experiencias personales.

Al’Akhawat: Crear comunidad como práctica artística

En este recorrido, desde Alló? Labas? hasta +212 y Y el oeste no existía, puede observarse una evolución, pero también una continuidad. Al’Akhawat parte de objetos y situaciones concretas —un teléfono, un locutorio, una llamada, un mapa, una fotografía, un documento— para abrir preguntas mucho más amplias sobre la pertenencia y la identidad.

Su trabajo tampoco se limita a la producción de exposiciones. El colectivo ha desarrollado actividades participativas como Cuentos entre Al’Akhawat, concebidas como espacios horizontales basados en la escucha, los cuidados, la escritura y la participación. En estos contextos, el relato personal deja de ser únicamente una materia artística y se convierte en una herramienta para construir comunidad.

Quizá ahí se encuentre una de las claves para entender Al’Akhawat: su interés no reside únicamente en representar a una comunidad, sino en crear condiciones para que distintas voces puedan encontrarse. Sus obras hablan de la diáspora, pero también de la amistad, la memoria, los objetos cotidianos, los trayectos y las formas de permanecer conectados.

En un mundo organizado mediante fronteras, mapas, documentos y categorías de pertenencia, Al’Akhawat presta atención precisamente a aquello que se escapa de esas estructuras. Sus proyectos buscan esos lugares que no aparecen en los mapas, esas memorias que no caben en un archivo y esas relaciones que continúan existiendo pese a la distancia.

Desde el teléfono del locutorio hasta una tela que atraviesa una sala de exposiciones, el colectivo convierte el desplazamiento en una materia artística. Y, sobre todo, propone mirar la identidad no como un punto fijo al que se pertenece, sino como un espacio en movimiento: un lugar que se construye entre personas, recuerdos, lenguas y geografías.

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