Yassmine Othman: interpretar sin etiquetas

Este artículo nace de la conversación que Yassmine Othman ha compartido generosamente con nuestra revista. A través de la entrevista que nos concedió, la actriz nos permitió conocer una trayectoria construida entre culturas, idiomas y escenarios, así como su visión sobre la interpretación y la necesidad de una industria audiovisual más inclusiva. Las reflexiones y citas que aparecen a continuación proceden de esa conversación, convertida aquí en un retrato de una actriz que entiende el cine como un espacio donde la verdad de los personajes siempre debe estar por encima de cualquier estereotipo.

Hablar con ella es recorrer varios países, escuchar distintas lenguas y descubrir una manera de entender la interpretación que no separa la vida del oficio. Su historia comienza en Agadir, pero atraviesa España, Marruecos, Turquía, Francia y Portugal antes de llegar a un plató. Quizá por eso resulta tan difícil encerrarla en una sola definición.

Una infancia entre culturas que marcó su forma de interpretar

Desde pequeña convivió con una mezcla cultural que hoy considera uno de los mayores regalos de su familia. «En mi casa el arte era lo normal, se respiraba en el día a día», recuerda. Su abuelo paterno era un músico de enorme talento y su madre formó parte del cuarteto circense de bicicletas Irmãs Dias. La creatividad no era un acontecimiento extraordinario, sino parte de la rutina familiar.

Aquella riqueza convivía, sin embargo, con una preocupación muy común en muchas familias: la estabilidad profesional. «Mis padres pensaban lo que casi todos: que el artisteo era pan para hoy y hambre para mañana», explica. La interpretación quedó aparcada mientras construía una carrera en el comercio internacional, una decisión que, vista con perspectiva, no supuso un alejamiento del arte, sino una preparación inesperada para él.

Durante años trabajó como mánager de ventas internacional, viajó, negoció con personas de distintos países y perfeccionó idiomas que hoy forman parte de su identidad artística. Lejos de arrepentirse de aquel recorrido, lo reivindica como una etapa imprescindible.

«La gran enseñanza que me dejó mi familia fue tener unas alas creativas enormes por nuestra herencia nómada, pero con los pies muy en la tierra. Al final, esos idiomas y la experiencia de moverme por el mundo son las herramientas que, junto a mi versatilidad, me hacen diferente como actriz.»

Sus palabras revelan una idea que aparece una y otra vez durante la conversación: ninguna experiencia sobra cuando se trata de interpretar a otros seres humanos.

Yassmine Othman y la importancia de una representación sin estereotipos

Escuchar hablar a Yassmine Othman sobre diversidad resulta especialmente interesante porque lo hace desde la experiencia y no desde el discurso aprendido. Habla español, árabe marroquí, francés, inglés, italiano y catalán, pero insiste en que conocer varios idiomas significa también comprender diferentes formas de mirar el mundo.

«Tengo la suerte de entender las culturas desde dentro», afirma.

Esa capacidad le ha permitido identificar con claridad una de las grandes asignaturas pendientes del audiovisual contemporáneo: la tendencia a construir personajes a partir de prejuicios.

No busca palabras amables para describir esa realidad.

«El cliché viene de la pereza de la industria, de no querer rascar más allá de la superficie.»

Su reflexión trasciende cualquier experiencia individual. Señala un problema estructural que afecta a numerosos colectivos y enumera ejemplos que siguen repitiéndose con demasiada frecuencia.

«¿Por qué los latinos siempre tienen que hacer de narcos o de criadas? ¿Por qué la gente de Europa del Este hace siempre de traficantes? ¿O por qué los actores árabes y magrebíes tienen que ser siempre terroristas?»

A esa lista añade otra realidad que conoce bien: el encasillamiento de los actores y personajes LGTBIQ+. Cuya orientación sexual continúa condicionando demasiadas veces los papeles que se les ofrecen.

Su propuesta, desarrollada también desde Othman Legacy Productions, pasa por recuperar la complejidad de las personas.

«Buscamos la verdad humana: el origen, el acento o la orientación son solo una capa de ropa, no el personaje entero.»

La frase resume una filosofía que va mucho más allá del casting. Habla de cómo escribir personajes, de cómo construir historias y, sobre todo, de cómo representar sociedades cada vez más diversas sin convertir esa diversidad en un recurso narrativo superficial.

Del reconocimiento en España a los rodajes internacionales

Esa manera de entender la interpretación ha acompañado una carrera que no ha dejado de crecer en los últimos años.

Uno de los personajes que recuerda con mayor emoción es Naima Ibrahim, en La Unidad 2. La interpretación le valió el Premio de la Unión de Actores como Mejor Actriz de Reparto en 2022, pero cuando habla de aquel papel apenas menciona el reconocimiento recibido.

Prefiere detenerse en el significado del personaje.

Yassmine Othman

«Naima me permitió dar voz a todas las Naimas del mundo islámico.»

En pocas palabras resume la responsabilidad que siente hacia los personajes que interpreta: representar personas, no símbolos.

Ese compromiso la ha llevado después a producciones internacionales como The Walking Dead: Daryl Dixon, donde interpreta a Doña Marga junto a un reparto encabezado por Norman Reedus y Melissa McBride.

«Formar parte de este universo me ha abierto las puertas de par en par en Estados Unidos», explica.

Su próximo proyecto, A Cry In The Dark, la llevará a rodar entre Nueva Orleans y Carolina del Norte interpretando a Isabella «La Reina» Vasquez, un personaje con una enorme fuerza dramática que vuelve a alejarse de cualquier papel secundario convencional.

Yassmine Othman

El oficio de Yassmine Othman es actuar desde la verdad

Hablar con Yassmine Othman también es descubrir una manera muy concreta de entender la interpretación.

«Yo no interpreto a un personaje; yo soy el personaje.»

La frase podría sugerir un método extremo, pero ella misma introduce inmediatamente un matiz que habla de equilibrio y disciplina.

«Tengo clarísimo que detrás de él sigo siendo yo, Yassmine Othman. Nunca me llevo los personajes a casa; siempre se quedan en el set… o, mejor dicho, una parte de mí se queda siempre viviendo en ellos.»

Quizá esa capacidad para entrar y salir de los personajes explique la serenidad con la que afronta los grandes rodajes internacionales.

Reconoce que las producciones estadounidenses exigen un nivel de precisión muy elevado.

«Los estándares de Hollywood te sacan completamente de tu zona de confort; ahí no te puedes relajar ni un segundo.»

Sin embargo, lejos de sentirse intimidada, encuentra conexiones entre aquellos rodajes y su experiencia anterior en el comercio internacional. Gestionar equipos, comprender distintas culturas de trabajo y adaptarse a entornos cambiantes forman parte de un aprendizaje que hoy continúa utilizando delante de la cámara.

Un mensaje para las mujeres que quieren construir su propio camino

Antes de terminar la entrevista, la conversación deriva hacia las mujeres que están comenzando su carrera o que buscan abrirse paso en las industrias creativas.

Su respuesta no habla únicamente de interpretación. Habla de autoestima, de negociación, de confianza y de la necesidad de reconocer el propio valor antes de sentarse en cualquier mesa de trabajo. A lo largo de su trayectoria, Yassmine Othman ha aprendido que muchas oportunidades llegan acompañadas de condiciones que invitan a diluir aquello que hace única a cada persona. Para ella, negociar nunca debería significar renunciar a la propia esencia.

También cuestiona una forma de educación que, durante generaciones, ha llevado a muchas mujeres a sentirse agradecidas simplemente por haber sido escuchadas, incluso cuando esa oportunidad implicaba aceptar situaciones incómodas o personajes construidos desde el prejuicio. Frente a esa dinámica, reivindica la importancia de poner límites y de comprender que las diferencias culturales, los idiomas, el acento o la edad no son obstáculos que haya que disimular, sino herramientas que enriquecen cualquier trayectoria profesional.

Cuando le pedimos un consejo para quienes empiezan o atraviesan un momento de incertidumbre profesional, no dudó en responder con una reflexión que resume su manera de entender tanto la profesión como la vida:

«Les diría algo muy simple: no confundas negociar con ceder. A las mujeres muchas veces nos educan para estar agradecidas solo por el hecho de que nos escuchen, y por ahí empezamos a aceptar cosas que nos incomodan. Mi consejo es que conozcas tu valor y entres con tus líneas rojas muy claras. Tus idiomas, tu físico, tus raíces o tu acento no juegan en tu contra; al revés, son tu mayor ventaja competitiva en un mercado global. Y como mujer que dio el salto pasados los 50, les digo que no dejen que nadie les ponga fecha de caducidad. Si un proyecto te pide que te disfraces de un estereotipo en el que no crees para darte el papel, di que no. Hay que aprender a rechazar lo que nos queda pequeño para que puedan llegar las historias grandes que de verdad nos hacen crecer.»

Después de conversar con Yassmine Othman queda una impresión difícil de olvidar. No solo habla de cine. Habla de personas, de culturas, de libertad creativa y de la responsabilidad que implica construir personajes capaces de reflejar la complejidad del mundo que habitamos. Su voz recuerda que la inclusión no consiste únicamente en abrir espacios, sino también en escribir historias donde nadie quede reducido a una etiqueta. Esa defensa de la autenticidad es, probablemente, el hilo que une toda su trayectoria y la razón por la que su recorrido resulta tan inspirador para quienes creen que la cultura puede ser también una herramienta de transformación.

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