Nuha al-Radi: cerámica, diarios y la observación directa de una vida atravesada por el conflicto

La trayectoria de Nuha al-Radi no encaja bien en las narrativas simplificadas que suelen rodear el arte del siglo XX en Irak. Su obra no se construye como una respuesta directa a la guerra ni como un gesto explícito de denuncia, sino como una acumulación de observaciones, materiales y decisiones estéticas que van cambiando con el tiempo. Ceramista, pintora y escritora, su trabajo se mueve entre disciplinas sin la necesidad de fijarse en una sola identidad artística.

Imagen tomada de la página de Sultan Gallery

Nacida en Bagdad en 1941, creció en un entorno familiar ligado a la diplomacia, lo que implicó una infancia entre distintos países y sistemas educativos. Esa movilidad temprana aparece después en su forma de trabajar: su producción no se apoya en una única tradición artística ni en una escuela concreta, sino en una mezcla de influencias que van desde la cerámica británica hasta la iconografía popular iraquí.

La cerámica como lenguaje inicial

El primer eje sólido de su carrera es la cerámica. Su formación en Londres, en instituciones como el Byam Shaw School of Art y Chelsea Pottery, la sitúa en contacto con técnicas y discursos del arte aplicado europeo de mediados del siglo XX. A su regreso a Oriente Medio, este aprendizaje no se traduce en una repetición de modelos occidentales, sino en una reinterpretación de la cerámica como superficie narrativa.

Nuha al-Radi

Ceramic, 36 x 35 cm. Architectural Gardel Bowl (1980). Tomado de la página de Barjeel Art Foundation

En sus piezas aparecen referencias al folclore iraquí, pero no como ilustración literal. Más bien funcionan como fragmentos: figuras, patrones o motivos que parecen extraídos de relatos orales o de la vida cotidiana. En lugar de construir grandes narrativas visuales, su cerámica opera por acumulación de signos. Esto es importante porque la coloca en una posición distinta a la de muchos artistas contemporáneos suyos en la región, que trabajaban con discursos más claramente ideológicos o monumentales.

Durante años, su producción cerámica se vincula también a encargos institucionales y murales de gran escala en Bagdad. Sin embargo, incluso en esos trabajos de carácter público, su estilo mantiene una atención por el detalle y la textura más que por el impacto simbólico inmediato.

Nuha al-Radi: El giro hacia otros medios

A finales de los años ochenta y principios de los noventa, su práctica se desplaza progresivamente hacia otros formatos: pintura, escultura con objetos encontrados y, finalmente, escritura. Este cambio no es abrupto ni programático. Más bien responde a una lógica interna de agotamiento de un medio y apertura hacia otro.

En este periodo, su obra se vuelve más fragmentaria. Trabaja con materiales reciclados y objetos cotidianos, lo que introduce una dimensión más directa de relación con el entorno urbano. No hay aquí una voluntad de “representar la realidad” en sentido tradicional, sino de incorporarla físicamente a la obra.

Installation view of Nuha al-Radi, Embargo Sculpture (2000–2003) on view in the exhibition Theater of Operations: The Gulf Wars 1991–2011 at MoMA PS1, New York from November 3 to March 1, 2020. Imagen tomada de la página del MoMA

Este cambio también coincide con un contexto político más inestable en Irak y la región, pero su trabajo no se convierte en una ilustración de ese contexto. Lo que cambia es el tipo de atención: más inmediata, más ligada a lo que ocurre alrededor en el día a día.

Baghdad Diaries: escritura como registro continuo

El punto de inflexión más conocido de su carrera es la escritura de Baghdad Diaries, iniciado en 1991 durante la Guerra del Golfo. A diferencia de otros textos sobre conflictos, este diario no está construido como una memoria retrospectiva ni como una interpretación global de los acontecimientos. Es, ante todo, un registro continuo.

El formato diario le permite trabajar con lo inmediato: interrupciones de electricidad, conversaciones breves, rumores, comentarios irónicos, pequeñas observaciones domésticas. La estructura fragmentaria no es un recurso estilístico decorativo, sino una consecuencia directa del tipo de vida que describe.

Nuha al-Radi

Lo interesante aquí no es únicamente el contenido, sino la forma. Nuha al-Radi no organiza los hechos en una narrativa cerrada. No busca una conclusión moral ni un cierre interpretativo. El texto avanza por acumulación, y esa acumulación genera una imagen compleja de la vida cotidiana en Bagdad durante los años de sanciones y conflicto.

Hay momentos de humor, otros de irritación, otros de observación casi clínica. Esa mezcla impide que el diario se lea como un testimonio unidimensional. En lugar de ofrecer una única “voz del conflicto”, muestra una subjetividad cambiante.

Entre lo doméstico y lo político

Uno de los aspectos más característicos de su trabajo es la forma en que lo doméstico y lo político aparecen en el mismo plano sin jerarquía clara. En sus diarios, una discusión sobre comida puede aparecer junto a una reflexión sobre sanciones internacionales; una observación sobre el jardín de su casa convive con comentarios sobre la situación del país.

Este enfoque rompe con una división habitual en la representación del conflicto: la separación entre lo “privado” y lo “histórico”. En su caso, ambos niveles se superponen constantemente. No porque busque hacer una declaración teórica sobre ello, sino porque así se manifiesta la experiencia vivida.

En este sentido, su obra funciona como un registro de percepción más que como un discurso analítico. Lo importante no es explicar lo que ocurre, sino cómo se vive.

Estilo: ironía, observación y distancia

Tanto en su escritura como en su trabajo visual, aparece una constante: la ironía. No se trata de una ironía distante o decorativa, sino de una herramienta para procesar lo absurdo de ciertas situaciones. Esta ironía convive con una forma de observación muy directa, casi sin filtros.

Esa combinación genera una tensión interesante. Por un lado, hay una mirada crítica sobre el entorno; por otro, una aceptación de lo cotidiano como material artístico sin necesidad de dramatización excesiva.

Su estilo evita deliberadamente el tono grandilocuente. Incluso cuando aborda situaciones difíciles, el lenguaje no se convierte en retórica. Esa elección estilística es clave para entender su obra: la intensidad no viene del énfasis, sino de la acumulación de detalles.

La obra de Nuha al-Radi que no busca cierre

En conjunto, el trabajo de Nuha al-Radi no se organiza como una progresión hacia una idea final o un mensaje único. Su práctica se desarrolla como una serie de desplazamientos entre medios, materiales y formas de registro.

La cerámica, la escultura, la pintura y la escritura no aparecen como etapas cerradas, sino como herramientas que se activan en distintos momentos según lo que necesita ser observado o registrado.

Esa flexibilidad hace que su obra sea difícil de encasillar en categorías tradicionales de la historia del arte. No encaja del todo en el arte político, ni en el arte abstracto, ni en el arte documental. Se sitúa en un espacio intermedio donde lo importante es la forma de mirar más que el resultado final.

Leer o ver el trabajo de Nuha al-Radi implica aceptar una lógica distinta de producción artística: una en la que el registro, la observación y la fragmentación tienen más peso que la construcción de grandes discursos. Su obra no intenta explicar Irak ni representar una versión definitiva de su historia reciente. Más bien se mueve en el terreno de lo parcial, lo cotidiano y lo inmediato.

Esa elección la convierte en una figura difícil de simplificar, y precisamente por eso su trabajo sigue siendo relevante: no ofrece una interpretación cerrada, sino una forma de atención.

Imagen principal tomada del diario El Pais

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